"Podria decirte que son historias, cuentos, relatos o simples anotaciones en un diario, pero la verdad es que solo a ti te corresponde la eleccion. Como en el amor y la vida... todo depende de ti..."
miércoles, 12 de febrero de 2014
Escritos de Tierra N° 18: AN SPOTLESS MIND (Post – 97)
lunes, 17 de enero de 2011
Escritos de Ensoñacion Nº 10: PRINCESA CRAYÓN (post – 57)
¿Cuántos sueños debería soñar para comprender el mundo? Quizá una historia llena de ilusión, quizá un punto de lejano al corazón sea suficiente para entender la naturaleza de todo lo vivido. En la simpleza de un retrato la figura de una mujer me ha dado un segundo de tranquilidad. Los antiguos mayordomos de la casa van avivando mi curiosidad. Esa mujer en realidad fue una niña, una princesa ante sus ojos “Los mejores días de mi vida” “La más linda sonrisa” “La más agradable compañía” “Ella lo era todo hasta su irremediable reposo”.
¿Qué le pasó a la princesa? “¿Qué le sucede a la niña? Su sonrisa ya no relumbra, su mirada no destella; ella juega, baila y ríe tan bella. Ella sueña y a la mañana siguiente no despierta, ella duerme, duerme como si los días fueran noches y no despierta. No hay llanto, no hay temor, en su rostro la niña no tiene dolor. ¡Ay! Princesa por qué aún sigues dormida ¡Ay! Princesa por qué no quieres despertar, ya han pasado los días, los meses, los años y tus sirvientes todavía te seguimos esperando ¿Por qué no quieres regresar? ¡Ay! Princesa de sedosos cabellos ¿No podrías reavivar tan solo uno de ellos? ¡Ay! Princesa ¿Qué habremos hecho para cambiarte así? Tu pequeña voz ya no resuena, tu cuerpecito en vilo no revuela, ahora solo se mueve con el alicaído vaivén de tu respiro.
La niña no volvió a probar alimento a tocar el mar a beber el sol, pero tendida allí en su cama como estaba ella no desfallecía, no envejecía… a pesar de los años ella aun se veía como el primer día. Nunca supimos por que se puso así, quizá nunca llegó a gustarle nuestro mundo, quizá había cosas que quería cambiar y no podía quizá en sus adentros había más felicidad de lo que nosotros podíamos darle. Nunca lo supimos, pero aún así la cuidábamos, aun así aguardábamos por ella, aun así la quisimos y como tristemente tratábamos de aceptar algunas noches, contemplando la agridulce beldad de su ausencia, una cálida tarde de verano la princesa partió del mundo que ya no gustaba de ver, la niña de la casa nos dejó, diez años después de su misteriosa enfermedad, de su inexplicable decisión y nosotros que tanto la habíamos amado quisimos recordarla para siempre en un retrato; uno que hablara de ella como fue y como habría sido si hubiera llegado a esa edad con vida, con su sonrisa, con su alegría y aún con nosotros.”
Si tuviera que elegir, si pudiera decidir un lugar en el que pueda sentirme tranquilo, en el que tenga la fe total de poder conseguir todo lo que he deseado, si pudiera permanecer en un solo lugar que tenga todo lo que quiero, que me pueda dar todo lo que necesito no estoy muy seguro si todavia estaria aquí… no, miento, quiza no estaria aquí. Aunque para mi sorpresa no puedo alcanzar un objeto sin intentar mover las manos, no puedo probar una limonada que no sea dulce, no puedo enamorarme de alguien sin mirarla a los ojos.
En estas noches estoy totalmente convencido de que el pequeño oleaje artifical que construyo en mi resquebrajada copa de vino lleva más poesia y encanto que la inmutable soledad que navega por las playas de Barranco. Atrapado en sus arenas los sueños parecen una tibia caricia de mañana, un ultimo beso a los labios del sueño me da la calida ternura de comprender tu historia. Esta noche deambulo por los rincones de la casa antes tuya y creo verte en los pasillos del vestibulo, en las flores del jardin, en las pinturas de los cuartos, los óleos de tu habitación princesa parecen oler a ti, evocaciones de esa ausencia ahora escondida ¿Por qué niña? ¿Por qué nunca supiste que el imaginar lastima? Quiza los sueños de esta casa fueron tuyos, quiza esa mujer que dibuja las paredes (y que me acompaña ciertas lunas) sea parte del soñar; quiza ahora como todo este tiempo, Princesa crayón, te he estado soñando a ti.
Tal vez sea solo un deseo (como son), instintos que a momentos controlan el cuerpo y lo hacen reaccionar o dejar de hacerlo, dejar que la mente adormecida proyecte anhelos alrededor, verlas, escucharlas, sentirlas ¿Bastaría para volverlas realidad? Niña de la más linda sonrisa, de la más agradable compañía ¿Tus ojos cerrados hasta ahora te hacen feliz? ¿Los lienzos de ese mundo tuyo todavia conservan su intenso color? ¿llevaran sus colores la intencion, la razon? ¿Buscaran en la brecha de la realidad los motivos para no hacerte despertar? Princesa ¿Será que nunca quisite hacerlo? ¿Será que olvidaste cómo? Niña ¿Será que pensaste que por fin habias despertado?
Hoy he vuelto a la casa sola, a la casa vieja, he vuelto después de un largo tiempo y tu cuadro al centro de la habitacion aún encandila mi mirada como el primer día. Los mayordomos y sirvientes me reciben de la manera más grata posible, ellos son especiales en verdad, luego de la cena vuelvo a caminar por los pasillos, por el balcón y te veo ahí Princesa, nuevamente, bailando en el corredor. Descuida no le contaré a nadie (si tus sueños son los mios, si tu me estas soñando a mi, si yo te sueño a ti), el verte para mi es un secreto, una ilusion, un punto cercano al corazón, un estado de estupor, la naturaleza del sueño, la escencia del dolor.
Nota a pie de página 1: Los dias de mi ausencia los explicare en el prox post.Nota a pie de página 2: Les debo el video, en estos dias lo colgaré
viernes, 19 de noviembre de 2010
Escritos de Fuego Nº 10: LA CHICA DEL TREN… (post - 55)
“¿Esperarías por mi? Aunque no te lo haya pedido, aunque no sepas si he de volver…”. Yo quería que aquello que imaginaba fuera verdad, pero mientras te espero en esta cálida estación del tren; tu rostro sonriente, en mi memoria, imaginando esas palabras que nunca llegaste a decir no son más que un sueño, un recuerdo artificial que creé muchos meses atrás para conservar esa ilusión de esperarte. Ahora. Aquí, ha comenzado a llover. Me pregunto… si aquel lugar del que vienes tendrá lluvias tan hermosas como esta… la verdad… yo espero que no.
Me di cuenta de que ella iba en el mismo tren que yo solo después de la segunda mitad del año. Con tantas personas subiendo y bajando todos los días me reconfortó saber que pude notarla antes de la llegada de la primavera. Las pocas cosas que supe de ella en esos viajes fueron que estudiaba en el mismo colegio que yo y que al parecer le gustaban mucho los libros pues siempre iba leyendo uno camino a casa y aunque solo fuera un pequeño descubrimiento el saber que ambos nos subíamos al mismo tren fue de esa forma que empecé a interesarme en ella. Dicho esto, no es como si hubiera querido investigarla, acercarme o hablarle, es solo que… ella… la chica del tren, solo con ser capaz de observarla desde cierta distancia podía hacer que mi día fuese un poco mejor.
Yo siempre he pensado que mi estación preferida es el invierno, a pesar de que no me agrada pasar frió, me gusta mucho sentir la lluvia, caminar en la neblina que cierra mis pasos y no me permite distinguir nada más que mi propio aliento, escuchar como lentamente la nieve va enmudeciendo la ciudad aletargando todo, como deteniendo el mundo para poder apreciarlo más. Ese invierno que hacía enrojecer tus mejillas y entreabrir tus ojos hasta quedarte dormida me regalo uno de los mejores recuerdos de toda mi vida. Verte ahí, tranquilamente dormida en uno de los asientos del tren con ese librito de pasta color marrón entre tus lindos dedos y con la clara luz del cielo que traslúcida en la luna caía suave iluminando tus cabellos será algo que nunca olvidaré. Fue en ese mismo invierno en el que te vi, bajando del tren en una de esas tardes en las que no debíamos encontrarnos. Tú caminabas atrás de mí, como siguiéndome, como si supieras mejor que yo adonde iba, en varios momentos quise voltear pero la idea de que estuvieras ahí por mi no me parecía creíble… y era así, justo antes de llegar a mi puerta te detuviste en la casa de al lado. Esa tarde, aunque no nos hayamos mirado, aunque solo escuchara tus pasos, si pudiera confesarlo ahora… me gusto mucho caminar a tu lado.
Uno de los últimos días del tercer trimestre, yo, como ya se había vuelto mi costumbre, esperaba verte pasar y sentarte a dos asientos del mió en el tren, como solías hacerlo. Pero no apareciste. Antes de partir te busqué y vi como una linda chica de tez clara y hermoso cabello largo, con una maleta en las manos y una expresión triste en el rostro abordaba el otro tren en dirección opuesta al mío. Era tu forma de decirme adiós. A la distancia creí ver una lágrima pero no estaba seguro si era verdad o si solo era el reflejo de mi propia emoción. Pensé en hablarte, en decirte lo bien que me había hecho tu sola presencia, tu contemplar. Bajé del tren, caminé hacia el tuyo y antes de llegar a ti comprendí que tan bella podías ser, aún en la tristeza, cuando toda la luz del día parecía concentrarse en ti, cuando el calor matizaba tu piel, cuando me quede allí, inmóvil, deslumbrado, sin saber que decir, que más hacer. Cuando te vi partir la estación era primavera. La estación más apropiada para ti.
Después de todo, al final, no pude hacerlo, se dice que hay cosas que son inalcanzables sin importar cuanto se esfuerce uno. Los días siguieron tal cual, sin ti descubrí que aquel tren al que tantas ganas tuve de ir ahora se había vuelto un lugar gris, lleno de personas opacas y de ruidos diminutos. La primavera se volvió el refugio de mis pocos recuerdos aquellos que alimentaba con escenas de ti, de los dos, pequeñas imaginaciones que utilizaba para recrear mi tiempo, una de esas noches descubrí que me había enamorado de ti, desde hace mucho, pero no supe entenderlo. Lentamente todo se volvió idílico, si ya no tenia tu presencia para poder sentirme mejor tu recuerdo fue el que empezó a obrar en mi. Ese tenue regalo que dejaste para mi me ayudó todos estos años en los que sin querer esperaba por ti.
Con los años sorprendentemente llegue a saber que aquel vecino de al lado resulto ser tu hermano, ya era amigo de él antes pero ahora tenía una razón mayor para platicar con él todos los días y con el tiempo supe de ti, pues llegaste a confiar mucho en él y él en mi. Llegue a saber que tu primer beso había sido tan incomodo como el mió, que lloraste por días cuando tu primera relación terminó, que te escapabas de casa en las noches siempre que llovía, que tenías problemas con tu nuevo enamorado y que no sabías como solucionarlo y por eso recurrías a tu hermano y él, que todo ese tiempo que fuimos amigos nunca mostró mucha destreza en esos temas, recurría a mi ¿Puedes creerlo? Al final yo terminaba ayudándote a regresar con quienes quizá no debías solo porque parecías estar muy enamorada. Sé que soy un cobarde por cuidar bien lo que siento, pero si me gustabas tanto no es ninguna sorpresa el que haya querido hacerte feliz. En verdad me gustabas y si no podíamos estar juntos solo me quedaba protegerte porque a pesar de que yo estuve envuelto en muchas relaciones en todos estos años, al final del día siempre una parte de mis pensamientos iban hacia ti. Pero no te sientas mal, ese día en la estación, fui yo el que no supo llegar a ti.
Hay una historia de amor en el pueblo, se dice que si eres capaz de conservar la luz de una pequeña llama en la cima de una colina durante toda la noche una diosa aparecerá frente a ti y te revelará si tu sentimiento es verdadero. Muchas parejas van ahí todos los días pero nunca han logrado quedarse lo suficiente. Yo nunca había aceptado ir hasta ayer, sé que estando solo tengo mucho más probabilidades de no lograrlo, pero quisiera intentarlo por los dos, aunque para ti esa idea no exista muchas veces para mi lo ha significado todo. El frío de la noche hace muy difícil mantener esa llama con vida, yo trato de no moverme, de no dormirme. Agazapado bajo un árbol trato con todas mis fuerzas de rescatar el fuego que llevo en las manos, el viento cambia de dirección y golpea de lado, yo trato de ocultar la llama que tambalea entre los pliegues de mi ropa, muchas veces parece inútil, parece que se apagará en cualquier momento, pero resiste. Mis manos forman un pequeño escondite que impide a las ráfagas de aire entrar. A mitad de la noche garuó. Las ligeras gotas caen heladas sobre el pasto, yo he formado una pequeña cueva con mi cuerpo, mis dedos enrojecidos ya no sienten el dolor de esa pequeña quemadura que paulatinamente desensibiliza mi piel. En el momento más duro de la noche recuerdo tu mirada, tu forma de dormir en aquel tren, tu silenciosa belleza, tus largos cabellos parecen rodear mi cuerpo ahuyentando el último frío del invierno y aunque solo te imagino siento como si estuvieras aquí ¿Cómo puede ser que me haya enamorado de ti con solo verte? ¿Es que pude notar algo más allá de ti? ¿Algo más que solo los cuerpos? La emoción que tuve en ese momento fue igual a las que tenía al verte, mucho más que en tus recuerdos. Al final de la noche entendí que aquella diosa nunca iba a aparecer que la única certeza del sentimiento que pude tener fue la de haber permanecido toda una noche amparado en ti, en un recuerdo feliz y comprender que el fuego nunca se apagó.
Hoy es primavera, como me lo comentó tu hermano, regresas al pueblo y yo ya estoy aquí esperándote en la misma estación del tren para decir y hacer todo lo que ese día comencé a sentir…
“Definitivamente lo diré, que gracias a ti he sido feliz. Definitivamente te lo diré, que las emociones que tuve aquella vez crecieron y se han convertido en todos los sentimientos que llevo hoy. Ellos… ahora ¿llegarán a alcanzarte?...”
Nota a pie de página 1: Lo ves. despues de tantos días pensaste que no lo iba a hacer, que lo habia olvidado. Me gustaría saber que piensas ahora.
Nota a pie de página 2: Me gustaría saber que pasó.
viernes, 29 de octubre de 2010
Escritos de Tierra Nº 10: EL COLECCIONISTA DEL MUNDO (post – 53)
Sabes, dicen que hay pueblos olvidados a los que les gusta estarlo, pueblos donde las bestias salvajes viven en comunión con los hombres, donde los niños juegan en el lomo de los leones y los ancianos ayudan a las aves a hacer sus nidos, dicen que hay ciudades donde la gente no se rige por monedas, dicen que en los confines del mundo el mar se convierte en piedra y que hay lugares donde el fuego nace de la misma tierra ¿Y quienes dicen todas estas cosas? Bueno, en realidad solo uno las dice y es aquel viejo que va ahí. Ése, el de la barba blanca, el que tiene las ropas color montaña. Ése, el que va descalzo y con par de zapatos parvos en la mano. El estuvo aquí hace rato, suele venir cada año aunque no se sabe cuando ¿Y a donde va? No lo sé, pero creo que menciono algo sobre un remendero y un niño que no ve hace mucho tiempo.
El hombre de los pies descalzos camina en dirección a una pequeña tienda. Se detiene. Entra y toca una sola vez la campana del mostrador, del fondo del bazar aparece un hombre con las manos oscuras y la camisa algo percudida, llena de un olor a cuero. El hombre ve al viejo, su barba, sus ropas y luego ve los zapatos sus parches, sus huecos y los reconoce, no puede evitar profesar una amable sonrisa. El zapatero regresa los ojos al viajero diciendo: “Que gusto verte. Lo ves, te dije que te iban a durar más que antes”.
Luego de abrazar al zapatero y a su hijo (que casi llora al verlo) el viejo de los grandes pasos se sienta a un lado de la chimenea. Esperando. Esperando al hijo del remendero que llegaba con unas cuantas leñas para atizar el fuego. Esperando. Esperando escuchar al viejo, conversar con él quien sin importar su cansancio accede recostándose apaciguadamente en el respaldar de la silla. El viejo le sonreía y le contaba historias, historias de grandes viajes, de frutas exóticas y paisajes ilusorios, historias de fieras nunca antes vistas, de maravillas perdidas entre los caminos, historias que podrían llenar a un hombre (y más aún a un niño) por muchas noches con una sonrisa al pie de su cama y entre ellas el viejo también contaba historias de leyenda, de magia, de hombres que vuelan por los aires y mujeres que respiran bajo el agua. El amable remendero no creía mucho (o quizá nada) en aquellas historias pero le encantaba ver la emoción y el asombro en el rostro de su pequeño hijo, la luz aventurera de sus ojos cada vez que escuchaba los cuentos antiguos, sus ganas de ser parte de esos viajes, de esas leyendas. El viejo zapatero adoraba a su hijo y por eso arreglaba gustoso los roídos zapatos del viajero y conversaba con el e incluso lo invitaba a pasar la noche (con la condición en secreto de seguir contándole más historias a su hijo durante la cena) El hombre de los pies descalzos agradecía la hospitalidad y la cortesía regalándole (luego de insistir) una de sus tantas extrañezas que solía guardar entre los pliegues de su abrigo y que al parecer provenia de alguna lejana región del sur donde los ríos se convierten en montañas blancas y los hombres llevan el color del cielo en la mirada.
Esa noche como otras el viajero bajaba al sótano donde ya había una habitación acondicionada para el, el viejo con el cansancio del día a cuestas se despojaba de sus ropas, mientras acicalaba su espesa barba para luego disfrutar de la tibieza de una cama que no había tenido en días. En sus sueños el fatigado peregrino evocaba lunas de colores. Dunas que podían acariciar los cielos. Con la cálida sensación de la arena en el rostro el viejo rememoraba lagunas cristalinas, manantiales de sombra azul. Tórridas corrientes de agua que se empozaban con la naturalidad de una lluvia de verano ondeando con plácido clamor el cielo reflejado en el espejo del agua. El cielo estrellado, saliente e inalcanzable, matizaba en su hermosura la locura de colores que emanaban del recuerdo. Aquellas noches amarillas bajo los llanos del desierto, el mítico y rojo fuego de los claros del campo, la impávida tranquilidad turquesa del lienzo marino, el indescriptible tornasol de fuego, agua y amor. La fusión perfecta. El viento que cae en la tierra y la fecunda. La felicidad de dar vida. La máxima expresión de la muerte. Una sonata de invierno. Los primeros prismas de nieve. Los bosques, su espesura. La jungla del alma que en los hombres se llama corazón. Una tenue luz filtrada en la frondosidad de las ramas capaz de crear lugares perfectos. Las memorias de un cazador, de un artista, de un viajero. La imaginación de un niño que no sabe de misterios. Un cuenta cuentos, un salvador, un extranjero, un recolector. El coleccionista del mundo. El hombre capaz de guardar sus huellas, capaz de no olvidar, de soñar, de volar con ellas por los confines de su mente. De su propio mundo, donde las fronteras de la carne no lo limitan, donde transfigura sus deseos por recuerdos. Reminiscencias de una vida de mil vidas. Historias de un universo conocido, aquel que puede tocar con las manos. Cantos de un silencio alucinado. Un pentagrama de seis lados. Un dibujo delineado con los labios. Una estrella fugaz, una triste pero amante despedida. Los extremos del dolor, de la pasión. El llanto, la ilusión. El amor y la nada… liviana sensación de vanidad. La realidad que hace todo más constante, más tangible, más etéreo, más efímero; como en los sueños, sueños que algún viejo soñaba. Sueños que encerraban un mundo, sueños que liberaban su alma.
¿Cuántos recuerdos puede albergar un hombre? ¿Qué tan fascinante puede ser la luna para aquellos que siempre viven en el día? Aquí, mientras aún sea de noche, un amable zapatero duerme a un lado de su cama con un par de botas en las manos, un niño reemplaza la ausencia de su madre con una lágrima en la almohada y un viejo de barba blanca duerme sus años remembrando una vida, una vida que al despertar saldrá sin despedirse (como ya es costumbre) aprovechando el frió de la mañana para no sentir su fatiga. El viejo caminara bordeando los bosques dejando pasos grises en el camino blanco. Añorando, añorando más historias, más recuerdos, más personas. Atesorando, atesorando siempre el mismo par de zapatos, al mismo niño y al mismo remendero; metáforas de una vida que alguna vez llevó y que ahora solo extraña a momentos. Con la bruma del tiempo cubriendo el cielo se detiene y se pregunta ¿Qué habrá más allá? El coleccionista del mundo sonríe, suelta su silencio en un suspiro y empieza a caminar con la niebla del amanecer envolviendo su cuerpo hasta perderse en su misterio.
Nota a pie de página: Tenía este escrito hace un par de días, pero con todas estas cosas en las que ando no podía asirme del sentimiento adecuado para terminarlo. Creo que tengo que atribuir a una persona en particular el haberlo terminado. Ya se lo diré cuando la vea.
viernes, 8 de octubre de 2010
Escritos de Mar Nº 10: EL GUARDIAN DEL LAGO (post – 51)
“En los lagos del sur una doncella en sus aguas vive, su respiración lleva la fragancia del mar, su cuerpo fluye con la fuerza de una cascada, sus ansias cargan el sello de un castigo, un hechizo que nunca podrá romper por sí sola…”
Cada noche cuando los calmosos aires azulinos del lago yacen tranquilos en la bruma del invierno, un viejo pescador regresa de la mar en su pequeña balsa que con mucho empeño y sudor en el rostro empuja hasta las orillas del lago. Remando con sus últimas fuerzas llega al centro donde deja reposar las varillas y los brazos por unos minutos para finalmente echar el ancla por la borda y zambullirse en las tibias aguas que limpian su piel de la toda sal que por tantos años ha curtido su cuerpo. El viejo pescador no ve muy bien bajo el agua, sus enrojecidos ojos apenas distinguen el fondo, sus manos desorientadas dan zarpazos por doquier removiendo la arena humedecida desenterrando almejas y molestando a los peces.
El lago es muy grande para un solo hombre pero el pescador ha ido todas las noches por varios años y a veces parece que va a lograrlo. La vehemencia de sus brazos hace saltar los helechos desprendiendo de ellos un pequeño objeto que a pesar del moho que percude su superficie conserva un brillo encandilador. El viejo marinero lo coge con firmeza llevándolo a su fatigado bote. “-Es una gema preciosa -” se dice a si mismo porque en verdad lo era, una joya en forma de espiral empedrado de diamantes que poseía un brillo inusual, un brillo que invitaba y que invitó a las aguas a enturbiarse, a revolverse frenéticamente y a brillar también, a brillar con un fulgor afín, un resplandor que se convirtió en cabellos, en piel, en rostro, en senos, en cintura, en cuerpo… una hermosa doncella apareció de las aguas frente al pescador que atónito contemplaba su belleza con miedo y encanto.
“Miles de años aguarde a que algún errante extranjero encontrara mi preciosa gema, mi destino atado a esa joya puede acabar, el día ha llegado…” el viejo pescador no creía en sus ojos o en sus oídos, el siempre pensó que la tierra era de los hombres que seres mitológicos solo vivían en las historias y en los cuentos de los viejos; no podía creer su existencia, la ternura de su voz o sus palabras; tembloroso y con recelo respondió “-Como es que un ser tan mágico no pueda encontrar un pequeño objeto en sus propias costas-” “-Porque solo puede ser encontrado por aquel que no lo busca, extranjero-” La dama del agua prosiguió “-Hace muchas centurias fui exiliada de mi reino a los confines de este lago por una traición, esa joya es el símbolo de mi castigo y solo al tenerla puedo ser libre…-” el pescador criado con relatos de sirenas que seducen a los hombres para después ahogarlos pensó su respuesta pues este no era el mar ni ella una sirena.
“-Solitaria doncella… no es mi intención obtener riquezas, la beldad de esta gema es abrumadora pero no es lo que busco, mi propia joya es una más sencilla y nada ostentosa, es solo un pequeño dije con la imagen de una mujer en ella. El collar de mi pequeña hija…-” La ninfa del lago con el agua surcando sin parar su silueta reacciono extrañada pero con una tímida esperanza en los ojos “-Si ese es tu deseo hombre de las orillas yo podría hallarla porque el lago es mío y yo puedo sacar de el lo que quiera aunque no pueda redimir mi castigo-” Viendo en el rostro del pescador una hendida expresión de felicidad la ninfa sumida en una insólita sensación de confianza se animó a preguntar “-¿Por qué busca un pescador como tú un objeto así?-” El pescador temía que la dulce voz que escuchaba fuera el tan mortal canto de las sirenas del que tanto hablan los marineros pero en su apacible melodía el duro y zafio pescador de ásperas manos y ceño fruncido sintió en su vasta ignorancia un hálito de tristeza, la melancolía de una vida que lamenta sus latidos a la luz de la luna, una dulce tristeza que matizaba la resonancia de su voz. El pescador creyó sentir en su lamento las olas de su propio corazón, el vaivén de aquellas lágrimas que alguna vez pensó dejar al lago pero que la sequedad de su rostro impidió. El apesadumbrado pescador respondió al llamado del lamento con el suyo “- Yo adoro el mar, adoro viajar y sentir la brisa salina por todo mi cuerpo quizá fue por eso que nunca fui un buen padre o un buen esposo. Mi mujer era muy bella y muy paciente conmigo, sabia de mi pasión y me entendía, pero una maldita enfermedad se la llevo hace muchos años un día en el que no pude despedirme de ella, el dolor aún me cala el pecho en estas noches de invierno. Mi hija, que la vió partir, solo tiene como recuerdo de ella un pequeño dije con la única fotografía de su madre, aquel collar que perdió hace años la entristeció como aquella vez, yo la miraba y parecía como si su madre hubiera muerto de nuevo. No he sido un buen padre pero si puedo encontrar ese collar, si puedo detener su tristeza…”
Solo esa noche la dama del lago entendió que también podía llorar por alguien más, con un respiro la ninfa agitó las aguas y una pequeña gargantilla salio del fondo del lago hacia sus tersas manos “- No puedes ofrecerme mi propia joya, el hechizo no se rompería, la joya del mar debe ser intercambiada por un objeto de igual valor para aquel que la posee ¿Estas de acuerdo el cambiarla?-” el pescador la miró realizado mas dudó, no estaba seguro ¿No era lo que quería? ¿Qué deseaba entonces el pescador? “- Al principio – comenzó el pescador – pensé que eras una de las sirenas, pero en verdad eres la ninfa de los lagos, he escuchado historias sobre ti cuando era pequeño, dicen que puedes cumplir cualquier cosa y yo quisiera saber si puedes hacer que mi hija recupere a su madre ¿Puedes hacer que la vuelva a ver?-” La ahora ninfa de los lagos le miró intrigada, su voz no solo llevaba duda, miedo, anhelo sino también sacrificio, pausada y escogiendo sus palabras respondió “- La vida que una vez fue quitada no puede ser devuelta, pero una vida puede adoptar muchas formas… solo hay una manera de cumplir lo que me pides, yo no soy un ser de las orillas…-” “-Necesitas mis pasos para poder caminar, lo acepto…-” la ninfa sonrió con ternura “Sabes que si haces esto te quedaras hasta el final de los días si es que yo no decido regresar…” “-No importa – accedió el pescador- si eres capaz de regresarla no importará, pero dime que es lo que debo hacer…” de un momento a otro la ninfa comenzó a brillar de magnífico un color azul, las aguas se volvieron prístinas formando un remolino a la celeridad de un suspiro la doncella apareció al lado del pescador y con un beso en la frente fue perdiendo lentamente su color noche que caía como una suave tinta por todo el cansado cuerpo del pescador que sonreía levemente mientras cerraba los ojos.
En las noches de invierno, cuando la bruma que golpea las olas se disipa con el tenue viento del anochecer, una pequeña balsa de madera navega solitaria por la anchura del lago. En ella una niña y una bella mujer aguardan a que de las profundidades del lago emerja un hombre de agua y sal, el guardián del lago que gusta de jugar con la niña todas las noches, como un sueño, hasta que el claro del sol anuncie un nuevo día.
Nota a pie de página 1: Los escritos 10 son leyendas así que tenderán a ser algo largas, mas vale el esfuerzo.
Nota a pie de página 2: Dedicado para una niña que hoy se convierte en mujer, una mujer muy divertida y muy extraña, pero muy linda. Feliz cumpleaños.
