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jueves, 22 de septiembre de 2011

Escritos de Tierra Nº 12: TONTO, DESCARADO, CURSI, ENCANTADOR… (Post – 70)



Si te sirviera de algo te diría que he cambiado. Ahora ya no suelo usar el cabello corto, ahora he cambiado las chompas holgadas por casacas de cuero y mitones negros, ahora ya no me veo tan flaco aunque sigo siendo delgado. Ahora mi rostro ya no es tan pálido, ahora no veo como un niño, mis ojeras ya no resaltan (tanto).


Si me vieras ahora me creerías que he cambiado. Hoy, tengo la mirada más centrada, más penetrante, te aseguro que si me retaras otra vez tus muecas ya no me harían pestañear. Ahora tengo un aire más platónico que enfermizo, ahora mi sonrisa es más coqueta y la bufanda gris que llevo alrededor del cuello te comentaría de seguro que le encanta adornar el blazer negro que me pongo. Hoy, no lo dudo, ambos te contarían en secreto que ahora me parezco un poco más a la imagen que teníamos de mi en tus anhelos. Sin embargo ahora el perfume aquel que tanto te gustaba ya no lo uso más.


La taza de café al final de cada viernes se ha vuelto algo ritualístico en mí. Una de mis nuevas manías interminables. Sentarme a escribir cerca de su fuego todavía renueva mi calor, el misticismo discreto de mis manos se rebela en las epifanías de mi pluma ahora consentidas (ahora más certeras), su canto acalorado de seguro te diría lo diferente que soy.


De las tardes (siempre tuyas) en las que te acompañaba sin saber bien que decir queda ya solo el recuerdo. Hoy en día basta sentir solo la mitad de lo que tú me das para no reprimir más mi nueva sinceridad, no es que ahora sienta demasiado es solo que esta vez… desde aquella vez… me he propuesto no acallar lo que siento, lo que estoy dispuesto a dar… si me vieras hoy te confesaría que no es que sea menos tímido… es que contigo sentí todo y las barreras que se ponen los demás (gracias a ti) ya no las tengo tanto.


Si me preguntaras por qué creo que he cambiado no podría darte una respuesta. Hay tanto que decir… tanto que decirte a ti. Supongo que he cambiado porque ya no temo hablar de besos, no me pongo nervioso cuando tengo que declararme a alguien, ya no me callo por miedo cuando me preguntan quien me atrae. Ya no soy un niño, no tengo reparos en decir quien me gusta, a quien quise, a quien amé, a quien amo y a quien siempre amaré. Ya no me avergüenza decir lo que más deseo de tu cuerpo, lo que me encantaría tener, lo que quisiera hacerte. Es increíble como cuando se es joven se piensa que estas cosas te costarían la vida entera. Ahora entiendo que es un privilegio sentir algo por alguien y tener la oportunidad para decírselo.


Si nos viéramos ahora y tu sonrisa fuera la misma, si tu mirada fuese la misma, si tu timidez aún estuviera allí poco tiempo me tomaría para decir lo mucho que fuiste para mí, lo mucho que aún me importas sin saber por qué. Si nos viéramos así probablemente no me entenderías o quizá si, y si fuera así te pediría que me lo digas tal vez así comprendería la esencia de mi espera aunque con razones o sin ellas igual te espero… yo creo que mi inocente ignorancia hace que mi amor sea más puro… hace que no te pueda olvidar.


Si nos viéramos ahora y tu sonrisa fuera otra, si tu mirada fuese distinta, si tu timidez no estuviera allí te pediría tomarnos un café, platicar a lo mejor del clima, del tráfico, de las noticias… con solo un poco de tu tiempo sobre mi me tendrías por completo (otra vez) porque puedes no saber que hacer, puedes no saber que quieres, puedes perder la memoria, volver a nacer, puedes hablar otro idioma, tener otros gestos (tener otro querer) y aún igual yo siempre terminaría enamorado de ti, como lo dije antes quizás tu también te has vuelto una de mis nuevas manías interminables. Aquellas que me apasionan… aquellas… por las que dejo el corazón.


Si cruzáramos la calle a la vez solo tu notarias lo que mantengo igual. Los hábitos que no mueren fácil. Todavía no llevo reloj. Soy desordenado, solo planifico mis actividades gratificantes. Aún me gusta jugar con las palabras, me gusta emocionar a la gente. Todavía me gusta escribir. Aún te tengo sobre mí…


Si sintiéramos el tórrido pasar de nuestras vidas otra vez, si llegara a nosotros el frágil caleidoscopio del recuerdo… ¿Cuántas vueltas le darías a mi vida? ¿Cuántos años contemplarías mis abrazos? Si soy tonto, si soy sincero, si soy cursi, si soy un descarado, si te parezco encantador… si solo soy lo que soy y no he cambiado… si llevo tantos años un sentimiento acorralado, si todo lo que siento es pasajero, si sigo acostumbrando mi memoria a almacenar recuerdos que imagino, si todavía te siento conmigo sin saber si estas. Dime ¿Quién eres tú? ¿Quién soy yo? ¿Por qué te extraño tanto? ¿Por qué te busco tanto? ¿Por qué me hubiera gustado jugar contigo? ¿Estudiar contigo? ¿Salir contigo? ¿Estar contigo? Si nos viéramos hoy, cada uno al lado de la acera ¿me reconocerías? ¿Lo haría yo? ¿Cuánto tiempo para los dos… dedicarías? ¿Cuánto tiempo tomaría… para olvidarme de ti?



Nota a pie de página: Dos de tres... o quiza hayan más...


lunes, 11 de julio de 2011

Escritos de Fuego N° 12: PARA DORMIR CONTIGO… (post - 64)




Hay un ligero aire que se cuela entre las sabanas. Danzando, se entromete entre los pliegues del cobertor rasguñando con su helado nimbito mi hombro. Siempre he sido un hombre de sueños ligeros y ante ese descuido me despierto. Tímidamente restriego mi mano sobre mi piel y siento su sequedad, siento frio y con los ojos entreabiertos me cubro nuevamente el cuerpo. Con los ojos entreabiertos veo que estas aún más destapada que yo – Quedamente murmullo – “De seguro has de estar helada y tu ni te mueves…” – Pienso somnoliento – “Además de los ronquidos al parecer también tienes el sueño más pesado que yo…”



Inevitablemente aclaro mis ojos, mi mirada perezosa se detiene en tu cuerpo. En tu desnudez. Eres tan avergonzada cuando quiero contemplar tu cuerpo desnudo que estar mirándote así ahora me parece algo prohibido. Sonrío. Sonrío y recuerdo que hace solo unas horas nos hacíamos el amor como locos. Tú me excitas mucho. A pesar de tener sueño, de estar cansado y de ya haber estado contigo esta noche aún quiero seguir haciéndote el amor. Pero sería complicado (¿injusto?) despertarte ahora solo para satisfacer mis ganas, sobretodo cuando te ves tan hermosa así dormida. Lentamente me acerco a ti, te doy un suave beso en la mejilla y subo las sabanas de nuevo desde tu cintura hasta tus hombros… No quiero que te resfríes. Ya ves, y tú que crees que no te amo, que solo estoy contigo porque eres increíblemente atractiva, si pudieras verme ahora…



Luego de dar una última espiada a tus piernas, tu sexo, tu cintura, tus senos y tu espalda me acurruco frente a ti, te escucho respirar (roncar) te veo el cabello desarreglado y el rostro sin maquillaje; veo tus lunares, las manchas pequeñas y rojizas de tu piel, tus arrugas incipientes. Cuando estás dormida observo todo lo que en ti considerarías imperfecto, lo observo todo y creo, pienso y siento… que eres hermosa.


No puedo resistir. Voluntariamente claudico ante el aroma de tu cuello, abdico en la calidez de tu espalda, me rindo ante lo sublime maravilloso de tus senos. Te abrazo… amenazando tus ojos cerrados. Me pego a ti… incitando tu despertar.



Que misteriosa es la naturaleza humana, la pasión de sus cuerpos, el suave caudal de su amor que nos lleva siempre por el mismo camino, nos encierra, nos ahoga, nos eterniza. No sé si seguías dormida, si despertaste por un instante, si tu cuerpo realizo lo que soñabas, si solo fue un reflejo… pero te toqué, te toqué y al hacerlo tu volteaste hacia mí y me abrazaste el pecho, con tus piernas entrelazaste las mías encajando tu rostro perfectamente entre mi hombro y mi mejilla.



Llegaste a mí. Te abracé delicadamente y me quede contemplando el vacio, buscando en su inmensidad lo que busco, lo que puedo ser… sin necesitar respuestas me quede dormido… Sé que no te lo he dicho, pero… Te amo por la inmensa paz de ese momento.



“Para dormir contigo, para sentir tu calor, para amarte más debo primero ser feliz conmigo mismo, conocer lo mejor antes de adorar lo extraordinario…”. Bonita, espero que en la mañana todavía sigas aferrada a mí… para dormir contigo hasta que llegue la tarde…



Nota a pie de pagina: Que bueno es dormir toda la tarde...



jueves, 3 de febrero de 2011

Escritos de Fuego N° 11: POSA PARA MÍ (post – 59)


Deja la tele encendida, puede que opaque un poco tus gemidos. Coloca un listón azul en la perilla de la puerta, dicen que es la mejor manera para no ser molestados. Una graciosa indirecta para gritarle al mundo que no los queremos aquí. Aunque no es preciso explicarlo luego de ver tu rostro sonrojado y mi sonrisa indiscreta no creo que la recepcionista piense que estamos aquí para tomar el té, asi como no veo posible tampoco que haya creído que los nombres que le dimos eran verdaderamente los nuestros pero como te murmuraba ayer mientras te daba de mordisquitos en el cuello: “Esta va a ser una experiencia muy divertida, bonita…”


Las escaleras que dejamos atrás a pesar de ser angostas brindaron el espacio necesario para comenzar nuestros juegos. (((Suficiente ya es que creas reconocer a todos lo extraños con quienes nos cruzamos por la calle cada vez que nos besamos para que ahora sí nos topemos con alguien que en verdad te pueda saludar))) pienso mientras mis manos surcan desesperadamente la tersa piel de tu cintura. Tú, menos preocupada o más entregada que yo, acaso, a los previos no pareces recelosa como en otras ocasiones, quiza no crees que nos puedan ver o quiza por fin ya haz comprendido, al igual que yo, que el constante riesgo de ser descubiertos hace que todo sea más excitante.


Detrás de nuestras cuatro paredes todo el mundo queda atrás. Dentro solo hay un hombre sin profesión, sin cargos, sin historia, dispuesto a hacerle el amor toda la noche a la mujer sin miedos, sin compromisos y sin presiones que yace al lado suyo. Teniendo toda esta noche de enero para los dos no puedo evitar el sonreir y decir: “Lo bueno de estar en un cuarto de hotel es que nunca vas a tener que preocuparte de cómo dejaste las sabanas de la cama…”


Aprovechando tus acostumbrados 4 minutos que pasas en el baño para arreglarte, cambiarte y sorprenderme con una nueva y, cada vez más, diminuta lencería apago tu celular y lo escondo en las profundidades de tu bolso. No queremos (quiero) que tu enamorado nos arruine el momento, sin embargo tal vez deberia llamarle y dejarlo en linea para hacerle escuchar como hacerte sentir mujer. Tal vez asi aprenda o por lo menos sepa porqué prefieres estar conmigo. Mas luego de un rato desisto de la idea, no quiero ser responsable de aumentar las cifras de alcoholismo en el mundo. Aunque este tentado. Una pequeña travesura que ya me perdonarás después.


La silueta a contraluz que proyectas es en muchos sentidos perfecta. Tu manera de venir hacia mi, tus encajes, tus portaligas, tus tacones altos. Tu cuerpo desnudo es lo que quiero ver. Me place, me excita, me alimenta, me da vida. Posa para mi, te ordeno dulcemente. Posa para mi, modelando tu atracción. Posa para mi, porque tambien te gusta.


No… ¿No? Dices que no meneando la cintura. Dices que no moviendo las piernas. Dices que no… desvistiendote. Desnuda saltas hacia mi sedienta de calor, de carne en tus uñas deseantes de respuestas ¿Por qué soy asi? ¿Por qué hago lo que hago? ¿Lo que te pido? ¿Por qué accedes? ¿Por qué me quieres?... una vez más ansío que tu sudor se mezcle con el mío, ansío sentir mis músculos romperse, tu respiración agitada que humedece tus cabellos, tus dientes arrancándome la boca. Posa para mi, para este momento. Has que nunca lo olvide, que siempre vuelva a mi como esta noche de enero. Posa para mi sin dudas, sin temores, sin mentiras. Posa para mi que todo lo que digo y siento es verdad. Posa para mi ¿Te digo por qué? No lo sé… quizá porque como artista deseo admirarte, dibujar tus fronteras con el pincel de mi lengua, reescribir tu cuerpo con la tinta de mis dedos, reafirmar tu sexo con la fuerza de mis manos. Por ti soy dibujante, soy escritor, soy escultor… No lo sé tal vez es solo que, como dices tú… soy algo pervertido.


Contando las velas de nuestro cuarto de hotel apunto de llegar la mañana el golpeteo de las gotas de lluvia que caen en la ducha llegan a la cama como un tibio arrullo. Yo, en ella, calmado, no hago más que pensar en ti aunque no me creas del todo. Sin hacer ruido mi fascinacion por ti hace que me levante y camine de puntillas hacia el baño para escucharte duchar. Mi curiosidad se vuelve pasión cuando luego de asomarme contemplo que no solo no has dejado la puerta cerrada sino que la has dejado entreabierta. Complacido voy hacia la fuente de mi arrullo deseando, pensando (((Aunque no me creas del todo, creo que me estoy enamorando de ti...)))

Nota a pie de página: Este escrito y esta canción siempre seran tuyos.


lunes, 17 de enero de 2011

Escritos de Ensoñacion Nº 10: PRINCESA CRAYÓN (post – 57)

¿Cuántos sueños debería soñar para comprender el mundo? Quizá una historia llena de ilusión, quizá un punto de lejano al corazón sea suficiente para entender la naturaleza de todo lo vivido. En la simpleza de un retrato la figura de una mujer me ha dado un segundo de tranquilidad. Los antiguos mayordomos de la casa van avivando mi curiosidad. Esa mujer en realidad fue una niña, una princesa ante sus ojos “Los mejores días de mi vida” “La más linda sonrisa” “La más agradable compañía” “Ella lo era todo hasta su irremediable reposo”.

¿Qué le pasó a la princesa? “¿Qué le sucede a la niña? Su sonrisa ya no relumbra, su mirada no destella; ella juega, baila y ríe tan bella. Ella sueña y a la mañana siguiente no despierta, ella duerme, duerme como si los días fueran noches y no despierta. No hay llanto, no hay temor, en su rostro la niña no tiene dolor. ¡Ay! Princesa por qué aún sigues dormida ¡Ay! Princesa por qué no quieres despertar, ya han pasado los días, los meses, los años y tus sirvientes todavía te seguimos esperando ¿Por qué no quieres regresar? ¡Ay! Princesa de sedosos cabellos ¿No podrías reavivar tan solo uno de ellos? ¡Ay! Princesa ¿Qué habremos hecho para cambiarte así? Tu pequeña voz ya no resuena, tu cuerpecito en vilo no revuela, ahora solo se mueve con el alicaído vaivén de tu respiro.

La niña no volvió a probar alimento a tocar el mar a beber el sol, pero tendida allí en su cama como estaba ella no desfallecía, no envejecía… a pesar de los años ella aun se veía como el primer día. Nunca supimos por que se puso así, quizá nunca llegó a gustarle nuestro mundo, quizá había cosas que quería cambiar y no podía quizá en sus adentros había más felicidad de lo que nosotros podíamos darle. Nunca lo supimos, pero aún así la cuidábamos, aun así aguardábamos por ella, aun así la quisimos y como tristemente tratábamos de aceptar algunas noches, contemplando la agridulce beldad de su ausencia, una cálida tarde de verano la princesa partió del mundo que ya no gustaba de ver, la niña de la casa nos dejó, diez años después de su misteriosa enfermedad, de su inexplicable decisión y nosotros que tanto la habíamos amado quisimos recordarla para siempre en un retrato; uno que hablara de ella como fue y como habría sido si hubiera llegado a esa edad con vida, con su sonrisa, con su alegría y aún con nosotros.”

Si tuviera que elegir, si pudiera decidir un lugar en el que pueda sentirme tranquilo, en el que tenga la fe total de poder conseguir todo lo que he deseado, si pudiera permanecer en un solo lugar que tenga todo lo que quiero, que me pueda dar todo lo que necesito no estoy muy seguro si todavia estaria aquí… no, miento, quiza no estaria aquí. Aunque para mi sorpresa no puedo alcanzar un objeto sin intentar mover las manos, no puedo probar una limonada que no sea dulce, no puedo enamorarme de alguien sin mirarla a los ojos.

En estas noches estoy totalmente convencido de que el pequeño oleaje artifical que construyo en mi resquebrajada copa de vino lleva más poesia y encanto que la inmutable soledad que navega por las playas de Barranco. Atrapado en sus arenas los sueños parecen una tibia caricia de mañana, un ultimo beso a los labios del sueño me da la calida ternura de comprender tu historia. Esta noche deambulo por los rincones de la casa antes tuya y creo verte en los pasillos del vestibulo, en las flores del jardin, en las pinturas de los cuartos, los óleos de tu habitación princesa parecen oler a ti, evocaciones de esa ausencia ahora escondida ¿Por qué niña? ¿Por qué nunca supiste que el imaginar lastima? Quiza los sueños de esta casa fueron tuyos, quiza esa mujer que dibuja las paredes (y que me acompaña ciertas lunas) sea parte del soñar; quiza ahora como todo este tiempo, Princesa crayón, te he estado soñando a ti.

Tal vez sea solo un deseo (como son), instintos que a momentos controlan el cuerpo y lo hacen reaccionar o dejar de hacerlo, dejar que la mente adormecida proyecte anhelos alrededor, verlas, escucharlas, sentirlas ¿Bastaría para volverlas realidad? Niña de la más linda sonrisa, de la más agradable compañía ¿Tus ojos cerrados hasta ahora te hacen feliz? ¿Los lienzos de ese mundo tuyo todavia conservan su intenso color? ¿llevaran sus colores la intencion, la razon? ¿Buscaran en la brecha de la realidad los motivos para no hacerte despertar? Princesa ¿Será que nunca quisite hacerlo? ¿Será que olvidaste cómo? Niña ¿Será que pensaste que por fin habias despertado?

Hoy he vuelto a la casa sola, a la casa vieja, he vuelto después de un largo tiempo y tu cuadro al centro de la habitacion aún encandila mi mirada como el primer día. Los mayordomos y sirvientes me reciben de la manera más grata posible, ellos son especiales en verdad, luego de la cena vuelvo a caminar por los pasillos, por el balcón y te veo ahí Princesa, nuevamente, bailando en el corredor. Descuida no le contaré a nadie (si tus sueños son los mios, si tu me estas soñando a mi, si yo te sueño a ti), el verte para mi es un secreto, una ilusion, un punto cercano al corazón, un estado de estupor, la naturaleza del sueño, la escencia del dolor.

Nota a pie de página 1: Los dias de mi ausencia los explicare en el prox post.

Nota a pie de página 2: Les debo el video, en estos dias lo colgaré

viernes, 19 de noviembre de 2010

Escritos de Fuego Nº 10: LA CHICA DEL TREN… (post - 55)

“¿Esperarías por mi? Aunque no te lo haya pedido, aunque no sepas si he de volver…”. Yo quería que aquello que imaginaba fuera verdad, pero mientras te espero en esta cálida estación del tren; tu rostro sonriente, en mi memoria, imaginando esas palabras que nunca llegaste a decir no son más que un sueño, un recuerdo artificial que creé muchos meses atrás para conservar esa ilusión de esperarte. Ahora. Aquí, ha comenzado a llover. Me pregunto… si aquel lugar del que vienes tendrá lluvias tan hermosas como esta… la verdad… yo espero que no.


Me di cuenta de que ella iba en el mismo tren que yo solo después de la segunda mitad del año. Con tantas personas subiendo y bajando todos los días me reconfortó saber que pude notarla antes de la llegada de la primavera. Las pocas cosas que supe de ella en esos viajes fueron que estudiaba en el mismo colegio que yo y que al parecer le gustaban mucho los libros pues siempre iba leyendo uno camino a casa y aunque solo fuera un pequeño descubrimiento el saber que ambos nos subíamos al mismo tren fue de esa forma que empecé a interesarme en ella. Dicho esto, no es como si hubiera querido investigarla, acercarme o hablarle, es solo que… ella… la chica del tren, solo con ser capaz de observarla desde cierta distancia podía hacer que mi día fuese un poco mejor.


Yo siempre he pensado que mi estación preferida es el invierno, a pesar de que no me agrada pasar frió, me gusta mucho sentir la lluvia, caminar en la neblina que cierra mis pasos y no me permite distinguir nada más que mi propio aliento, escuchar como lentamente la nieve va enmudeciendo la ciudad aletargando todo, como deteniendo el mundo para poder apreciarlo más. Ese invierno que hacía enrojecer tus mejillas y entreabrir tus ojos hasta quedarte dormida me regalo uno de los mejores recuerdos de toda mi vida. Verte ahí, tranquilamente dormida en uno de los asientos del tren con ese librito de pasta color marrón entre tus lindos dedos y con la clara luz del cielo que traslúcida en la luna caía suave iluminando tus cabellos será algo que nunca olvidaré. Fue en ese mismo invierno en el que te vi, bajando del tren en una de esas tardes en las que no debíamos encontrarnos. Tú caminabas atrás de mí, como siguiéndome, como si supieras mejor que yo adonde iba, en varios momentos quise voltear pero la idea de que estuvieras ahí por mi no me parecía creíble… y era así, justo antes de llegar a mi puerta te detuviste en la casa de al lado. Esa tarde, aunque no nos hayamos mirado, aunque solo escuchara tus pasos, si pudiera confesarlo ahora… me gusto mucho caminar a tu lado.


Uno de los últimos días del tercer trimestre, yo, como ya se había vuelto mi costumbre, esperaba verte pasar y sentarte a dos asientos del mió en el tren, como solías hacerlo. Pero no apareciste. Antes de partir te busqué y vi como una linda chica de tez clara y hermoso cabello largo, con una maleta en las manos y una expresión triste en el rostro abordaba el otro tren en dirección opuesta al mío. Era tu forma de decirme adiós. A la distancia creí ver una lágrima pero no estaba seguro si era verdad o si solo era el reflejo de mi propia emoción. Pensé en hablarte, en decirte lo bien que me había hecho tu sola presencia, tu contemplar. Bajé del tren, caminé hacia el tuyo y antes de llegar a ti comprendí que tan bella podías ser, aún en la tristeza, cuando toda la luz del día parecía concentrarse en ti, cuando el calor matizaba tu piel, cuando me quede allí, inmóvil, deslumbrado, sin saber que decir, que más hacer. Cuando te vi partir la estación era primavera. La estación más apropiada para ti.


Después de todo, al final, no pude hacerlo, se dice que hay cosas que son inalcanzables sin importar cuanto se esfuerce uno. Los días siguieron tal cual, sin ti descubrí que aquel tren al que tantas ganas tuve de ir ahora se había vuelto un lugar gris, lleno de personas opacas y de ruidos diminutos. La primavera se volvió el refugio de mis pocos recuerdos aquellos que alimentaba con escenas de ti, de los dos, pequeñas imaginaciones que utilizaba para recrear mi tiempo, una de esas noches descubrí que me había enamorado de ti, desde hace mucho, pero no supe entenderlo. Lentamente todo se volvió idílico, si ya no tenia tu presencia para poder sentirme mejor tu recuerdo fue el que empezó a obrar en mi. Ese tenue regalo que dejaste para mi me ayudó todos estos años en los que sin querer esperaba por ti.


Con los años sorprendentemente llegue a saber que aquel vecino de al lado resulto ser tu hermano, ya era amigo de él antes pero ahora tenía una razón mayor para platicar con él todos los días y con el tiempo supe de ti, pues llegaste a confiar mucho en él y él en mi. Llegue a saber que tu primer beso había sido tan incomodo como el mió, que lloraste por días cuando tu primera relación terminó, que te escapabas de casa en las noches siempre que llovía, que tenías problemas con tu nuevo enamorado y que no sabías como solucionarlo y por eso recurrías a tu hermano y él, que todo ese tiempo que fuimos amigos nunca mostró mucha destreza en esos temas, recurría a mi ¿Puedes creerlo? Al final yo terminaba ayudándote a regresar con quienes quizá no debías solo porque parecías estar muy enamorada. Sé que soy un cobarde por cuidar bien lo que siento, pero si me gustabas tanto no es ninguna sorpresa el que haya querido hacerte feliz. En verdad me gustabas y si no podíamos estar juntos solo me quedaba protegerte porque a pesar de que yo estuve envuelto en muchas relaciones en todos estos años, al final del día siempre una parte de mis pensamientos iban hacia ti. Pero no te sientas mal, ese día en la estación, fui yo el que no supo llegar a ti.


Hay una historia de amor en el pueblo, se dice que si eres capaz de conservar la luz de una pequeña llama en la cima de una colina durante toda la noche una diosa aparecerá frente a ti y te revelará si tu sentimiento es verdadero. Muchas parejas van ahí todos los días pero nunca han logrado quedarse lo suficiente. Yo nunca había aceptado ir hasta ayer, sé que estando solo tengo mucho más probabilidades de no lograrlo, pero quisiera intentarlo por los dos, aunque para ti esa idea no exista muchas veces para mi lo ha significado todo. El frío de la noche hace muy difícil mantener esa llama con vida, yo trato de no moverme, de no dormirme. Agazapado bajo un árbol trato con todas mis fuerzas de rescatar el fuego que llevo en las manos, el viento cambia de dirección y golpea de lado, yo trato de ocultar la llama que tambalea entre los pliegues de mi ropa, muchas veces parece inútil, parece que se apagará en cualquier momento, pero resiste. Mis manos forman un pequeño escondite que impide a las ráfagas de aire entrar. A mitad de la noche garuó. Las ligeras gotas caen heladas sobre el pasto, yo he formado una pequeña cueva con mi cuerpo, mis dedos enrojecidos ya no sienten el dolor de esa pequeña quemadura que paulatinamente desensibiliza mi piel. En el momento más duro de la noche recuerdo tu mirada, tu forma de dormir en aquel tren, tu silenciosa belleza, tus largos cabellos parecen rodear mi cuerpo ahuyentando el último frío del invierno y aunque solo te imagino siento como si estuvieras aquí ¿Cómo puede ser que me haya enamorado de ti con solo verte? ¿Es que pude notar algo más allá de ti? ¿Algo más que solo los cuerpos? La emoción que tuve en ese momento fue igual a las que tenía al verte, mucho más que en tus recuerdos. Al final de la noche entendí que aquella diosa nunca iba a aparecer que la única certeza del sentimiento que pude tener fue la de haber permanecido toda una noche amparado en ti, en un recuerdo feliz y comprender que el fuego nunca se apagó.


Hoy es primavera, como me lo comentó tu hermano, regresas al pueblo y yo ya estoy aquí esperándote en la misma estación del tren para decir y hacer todo lo que ese día comencé a sentir…


“Definitivamente lo diré, que gracias a ti he sido feliz. Definitivamente te lo diré, que las emociones que tuve aquella vez crecieron y se han convertido en todos los sentimientos que llevo hoy. Ellos… ahora ¿llegarán a alcanzarte?...”


Nota a pie de página 1: Lo ves. despues de tantos días pensaste que no lo iba a hacer, que lo habia olvidado. Me gustaría saber que piensas ahora.

Nota a pie de página 2: Me gustaría saber que pasó.

miércoles, 1 de julio de 2009

Escritos de Viento Nº 1: TARDES COMPARTIDAS (post-4)

Intrincado ya es para mí sortear la sugestionada imprecisión de mis palabras y convencerme de que como siempre no voy a fallar, que si de algo estoy convencido es que en estos menesteres no puedo fallar. Pero aún así me arrincona la duda porque en más que otros escritos no quiero equivocarme en éste.



El azar siempre ha sido caprichoso conmigo (receloso) muy pocas veces me ha dado licencia para actuar a plena voluntad e indulgencia para descubrir ante mis intermitentes pasos alguien que me pueda cautivar, que pueda embelezar mis sentidos y frente a todo pronóstico atrape y enlace mis crónicas futuras. Como artista soy amante de la belleza pura, como artista soy admirador de un alma sincera, como artista soy esclavo de mis ángeles… un siervo de su luz… un retratista de su estela.

Lo bello, lo único, lo original, aquello que me mueva, que me cambie, una sola mujer no ha iluminado estas líneas (no he de mentir) porque como el viento ellas son tan similares a mis ojos y tan diferentes en mi piel que seria injusto afirmar que solo una ha robado mis altares y aunque quizá ellas digan que apreciaron mi compañía la verdad es que más gustoso estuve yo de verlas tan cerca.

De conocerlas, de tenerlas… tenerlas en una tarde compartida, en una noche ligera; acompañando su andar a un lado del camino, escribiendo mis certezas cobijado en su sombra, desarmando nuestro titubear en el precipicio de un abrazo, confesando mis ideas tras una mesa de madera. Especial, quiero que me entiendan, la tinta que destilaron para mi… siempre fue (es) especial.



Ojala estas palabras lleguen algún día a sus oídos, ojala abarquen sus labios. No confió en muchas cosas de la vida, mas aún confió en el viento y en su suave brisa que si desea sabrá llevar mis anhelos de regreso a la fuente de mis tiempos, de mis versos; mi Grecia antigua, mis diosas y mis musas.

El azar como dije antes no suele darme tregua, aún no se amista conmigo por cosas que dije y no hice (hace mucho ya de eso) así que no sé cuanto tiempo tarde en compartir nuevamente, en eclipsarme otra vez, pero él conversa conmigo y me hace entender cuando es momento de volver… una vez al cielo y diez más en tierra (fue una promesa) recuerdo que alguna vez me preguntó:
- ¿Lo vale? – Y yo le respondí
– tan solo un ángel, por una vez en mi vida… es más de lo que podría desear…