"Podria decirte que son historias, cuentos, relatos o simples anotaciones en un diario, pero la verdad es que solo a ti te corresponde la eleccion. Como en el amor y la vida... todo depende de ti..."
domingo, 2 de marzo de 2014
Escritos de Tierra N° 19: EPÍTETO (Post – 98)
domingo, 8 de septiembre de 2013
Escritos de Tierra N°17: "CANCIONES..." (Post - 92)
sábado, 15 de diciembre de 2012
Escritos de Tierra N° 16: UN VIEJO FRAGMENTO (Post - 88)
jueves, 1 de diciembre de 2011
Escritos de Mar N° 13: Tú... ¿Indeleble? (Post - 76)

Tengo un nuevo trabajo. Otro más a parte del de escritor. Su horario es más prolongado y a pesar de su gran flexibilidad no lo es tanto como el otro (que cumple sus horarios cada vez que vienen a mi nuevos versos) pero me gusta, me gusta el lugar, me gustan las nuevas personas, me gusta el trajín, los errores que cometes cuando vas aprendiendo cosas nuevas, me gusta la pequeña sensación de satisfacción que te dan los primeros aciertos. Cada día de estas semanas me he dado cuenta lo mucho que me conozco a mi mismo, la gran certeza que tengo de mis propios gustos de mis incipientes inquietudes y de todo aquello que simplemente me llama.
Por las noches llego rendido más que por la dificultad o el pesar por el día. Apenas y puedo cenar algo y ver un poco de TV hasta que mis ojos empiezan a cerrarse solos, noches como esta, tan gratas… me quedo plácidamente dormido.
Unas buenas gotas de lluvia en mi ducha son una de las recompensas que más espero al final de la jornada, no creo ser el único que redescubre el ligero placer del agua sobre el cuerpo. El agua que suaviza, que adormece y acaricia los músculos. Al llegar a la ducha cuelgo la camisa en el perchero, dejo el pantalón en el buró y los zapatos, las medias y los bóxers en el suelo. Con los segundos el chirriante golpeteo de las gotas se vuelve un suave arrullo que va mojando mi cabello. Los ríos diminutos que recorren por mi espalda me ayudan a respirar más tranquilo… y bajo el agua imagino arrecifes de luz, claros de paz y una escurridiza pero conocida sensación de quietud se apodera de los latidos en mi pecho y me hace querer, me hace ansiar algo que todavía no tengo. Mi nuevo trabajo me da anhelos de estabilidad, me da ganas de aguardar y de ser aguardado y a pesar de tanto luchar es tu recuerdo el que llega primero, incondicional (¿Indeleble?), mis emociones me hacen saber que todavía te espero, una parte de mi… aún te lleva en la mente.
A cuatro semanas de mi nueva forma de vida mis días están tomando un rumbo cada vez mas… real, mis metas y quizá hasta mis anhelos se están y se irán cumpliendo (llega un momento en el que lo puedes sentir) con el paso del tiempo. Y esta noche antes de irme a dormir o para ser más específicos antes de caer dormido me gustaría pensarte, pensarte y tratar de figurar cual sería el mejor rumbo para ti. Si seguir siendo un recuerdo agridulce, un anhelo escondido o una meta por fin… porque algo que re-aprendí esta semana es que hay cosas que no se deben postergar y hay decisiones importantes que uno debe tomar antes de emprender una nueva empresa, antes de tomar nuevas emociones y tu… pienso que tu inconstancia en mi debe terminar, ahora quiero tener cosas reales no solo sueños disfrazados, no quiero más anhelos distantes… quiero metas, metas que alcanzar, sueños que pueda cumplir antes de que acabe el día, antes de quedarme dormido… quisiera encontrarte afuera del edificio cuando acaba la tarde… me gustaría a mitad de la noche llevarte a cenar.
Nota a pie página: ¿Incurable? ... ya no tardaré más.
martes, 18 de octubre de 2011
Escritos de Fuego N° 13: LO QUE NO SOLEMOS DECIR... (post - 73)
“Te quiero” “Me gustas” “Te amo” que sencillo se suele decir cuando el sentimiento nos embarga, cuando todo se ve genial, cuando nos olvidamos de leerle esas pequeñas letras que cada uno lleva consigo a la otra persona, me pregunto si la emoción nos hará olvidadizos o por el contrario nos hace creer que aquella fe de erratas no es tan importante e inclusive no aparecerá esta vez… lo que no solemos decir es de que manera podríamos lastimar. A pesar de llevar todos esos sentimientos puros con nosotros hay una pequeña parte que callamos, que omitimos porque no sabemos lo que es, porque ni siquiera lo hemos pensado del todo. La inconsciente conveniencia de sentir cada vez más… El tema con los sentimientos es que el descaro o la inocencia de ellos es lo que más suele herirnos al final…
Es muy doloroso leer entre líneas cuando ya estas a mitad del camino. Ocultar lo que te duele por la segura convicción de que la otra persona ya lo sabe cuando en realidad no. Desilusionarse. Guardar tus sentimientos para ver a la otra persona feliz… cuando se empieza a querer de manera distinta cómo hacerle entender que siempre la querrás pero no de la forma que ella espera… cuando alejas a todos para no escuchar las palabras que tu misma terminas por decir… quisiera tener un mundo más sincero, quisiera saber si eso serviría de algo, si haría que las cosas fuesen diferentes…
Lo que no solemos decir: “Te quiero” pero es posible que en algún momento deje de hacerlo y no tenga el suficiente valor como para decírtelo y solo lo haga cuando encuentre a alguien nuevo con quien estar. “Te quiero” pero tengo dudas sobre si eso sea suficiente aunque me encante pasar el tiempo contigo. “Te quiero” pero no soy bueno haciéndolo, no sé como demostrarlo y tengo la impresión de que mi forma de querer no es la manera en la que tu quisieras que te quieran. “Te quiero” porque sin ti estaría solo. “Te quiero” aunque solo nos hayamos visto dos veces…
“Me gustas” pero no eres la única. “Me gustas” pero no siento que te quiera del todo. “Me gustas” pero aún sigo queriendo a alguien más. “Me gustas” pero he pasado por tantas malas experiencias que no quiero tener nada con nadie. “Me gustas” por tu sonrisa, tu mirada, tu cuerpo; lo demás es algo que puedo tolerar. “Me gustas” creo que podrías serme útil por algunos de meses. “Me gustas” y comencé a quererte cuando te extrañé. “Me gustas” por eso siento que lo mejor es que no estés conmigo. “Me gustas” pero aún hay muchas cosas de mi pasado que me duelen…
“Te amo” pero no soy capaz de mantener mis emociones. “Te amo” pero ya no estoy enamorado de ti… “Te amo” siempre querré que seas más que una amiga… “Te amo” aunque ya no te vea. “Te amo” siempre conservaré una forma de amor que sea solo para ti. “Te amo” pero no pienso en ti todas las horas del día. “Te amo” pero me he decepcionado de ti. “Te amo” pero soy muy cambiante, muy complicado. “Te amo” y hace mucho he comprendido que lo mejor para ti es que no estés conmigo, pero no puedo dejarte… “Te amo” y si me han de lastimar, quisiera que fueses tú…
“Cuando aprenderé a no ser tan confiado” “cuando dejaré de sabotear mi nueva oportunidad” “cuando dejare de sentir tanta necesidad, tanto dolor, tanta ligereza”. Cuando tendré la oportunidad de amar a quien quiero ahora… “Quiero ser más cariñoso” “Quiero ser menos caprichosa” “Quisiera ser alguien que te haga feliz”…
Hay tantas cosas que no solemos decir, cosas que todavía no siento, cosas que olvidé, que no quiero volver a sentir… No puedo pretender que todo el mundo las diga creo que sería más doloroso aún que la ilusión o tal vez solo esté exagerando, tal vez esas cosas no lastiman tanto y decirlas no sirva de nada al final, pero tengo una fuerte sensación en el centro del pecho que me conmina a creer que estoy mintiendo ¿Será que todos vamos confundidos? ¿Será que tratar de averiguar lo que uno siente hiere tanto? Una emoción sincera capaz de hacerme olvidar mi propia sinceridad o una emoción fuerte capaz de hacerme borrar mi propia debilidad, mis miedos ¿Qué es lo que puedo esperar?... Quisiera tomar la oportunidad para decir lo que no suelo decir tal vez así pueda entender que es una oportunidad que puedo tomar a cada momento… cuando lo quiera decir…
Lo que no suelo decir: “No voy a rendirme a ti…”
Nota a pie de página: ... Me has escuchado ¿verdad?domingo, 24 de julio de 2011
Escritos de Mar N° 12: LA DISTANCIA ENTRE LOS DOS… (Post – 65)

La distancia entre los dos… casualidad o cortesía. Interés. Ganas de volverte a ver. Pase toda la tarde pensando en ti, pase la tarde escuchando canciones en español, en ingles… me la pase cantándolas con la ciega convicción de que hablaban de mi, de la historia de los dos, las canté a todo lo que doy con la ciega convicción de que podrías escuchar mi voz donde quiera que estés. Pase la noche escribiendo para ti. Pase la noche tomando algún licor, unas copas de vino, alguna botella de ron. Pase la noche escribiendo a la nada… fumando tu distancia en mi balcón.
La distancia entre los dos se siente menos cuando no estas, cuando no estoy. Cuando todo lo que hago me absorbe, cuando me mantiene ocupado. Cuando tengo muchos trabajos no te puedo extrañar, cuando no llego a mi no te puedo extrañar. Con que facilidad se desvanece todo ello cuando te veo… cuando te tengo frente a mi me doy cuenta lo mucho que te extraño… ¿Porqué? He logrado ser una persona feliz, me agrada estar conmigo mismo, me gustan mis sueños, lo ilógico que es tenerlos tan cerca. En mi vida he aprendido a tener motivos para ser feliz estando solo y cuando llego a ellos no te puedo extrañar. Pero pienso en ti… y desearía que fueras como yo, que encontraras razones para ser feliz en tu propia soledad. Paradójicamente gracias a eso sé que no dependo de ti y que cuando estoy contigo es porque creo que mi vida es excelente pero que a tu lado podría volverse mucho mejor.
La distancia entre los dos va siempre conmigo, es uno de mis motivos para ser feliz, para estar más seguro, para sentirme más vivo. Hace mucho que abandoné la pasión de la tristeza por sentir… vale, me agrada que regrese de cuando en cuando, para mi se ha vuelto un cálido frio que da paz. Algo inverosímil lo sé, pero en este punto seguro ya has notado que yo no vivo cosas normales.
La distancia entre los dos es sin duda una emoción distinta, en mis tardes caminando por los parques, en mis reuniones de trabajo, en mi ceremonia de graduación, en mis viajes a parís deseé y desearé una emoción así. Soy muy diferente a mi mismo la mayor parte del tiempo, no creo que el amor sea uno solo tal vez es un caleidoscopio mas impresionante que la amistad y muy a mi pesar tal vez esas ideas me alejen de los demás, y de ti. No hay nada que quiera hacer al respecto, no creo que haya nada malo. Soy muy idealista y testarudo, por lo tanto nunca podre renunciar a los sueños que tuve cuando niño, cuando joven y por momentos me pesa saber que en alguno de ellos no estas tu ni nadie…
La distancia entre los dos es lo que pude ser, lo que te pude decir y no dije, lo que pude hacer y me contuve (al igual que tu). La distancia entre los dos es todo aquello que hubiera podido ser y no fue y de lo que no importa reprocharse, porque no se puede lamentar un supuesto, porque es idiota lamentar una teoría. Entristecerse porque las cosas ya no son como eran, cuando en realidad nunca lo han sido (¿No lo sabias? Los ríos nunca llevan la misma agua.) Tratar de revivir viejos sentimientos solo para sentirse más seguro, por qué habría de reparar el corazón con cenizas…
La distancia entre los dos es nuestra historia sea un saludo, una sola platica, un beso o algo más. Es lo que viví contigo, lo mucho que te recuerdo, lo importante que eres para mi, las ganas de no querer perder, mis ansias de buscarte, de continuar cerca a ti aunque estés lejos… porque me haces bien, porque tengo una forma de amor que es solo para ti, porque quiero ayudarte a descubrir una nueva forma de amor que sea solo para mi, una nueva manera de sentir… la distancia entre los dos.
viernes, 29 de octubre de 2010
Escritos de Tierra Nº 10: EL COLECCIONISTA DEL MUNDO (post – 53)
Sabes, dicen que hay pueblos olvidados a los que les gusta estarlo, pueblos donde las bestias salvajes viven en comunión con los hombres, donde los niños juegan en el lomo de los leones y los ancianos ayudan a las aves a hacer sus nidos, dicen que hay ciudades donde la gente no se rige por monedas, dicen que en los confines del mundo el mar se convierte en piedra y que hay lugares donde el fuego nace de la misma tierra ¿Y quienes dicen todas estas cosas? Bueno, en realidad solo uno las dice y es aquel viejo que va ahí. Ése, el de la barba blanca, el que tiene las ropas color montaña. Ése, el que va descalzo y con par de zapatos parvos en la mano. El estuvo aquí hace rato, suele venir cada año aunque no se sabe cuando ¿Y a donde va? No lo sé, pero creo que menciono algo sobre un remendero y un niño que no ve hace mucho tiempo.
El hombre de los pies descalzos camina en dirección a una pequeña tienda. Se detiene. Entra y toca una sola vez la campana del mostrador, del fondo del bazar aparece un hombre con las manos oscuras y la camisa algo percudida, llena de un olor a cuero. El hombre ve al viejo, su barba, sus ropas y luego ve los zapatos sus parches, sus huecos y los reconoce, no puede evitar profesar una amable sonrisa. El zapatero regresa los ojos al viajero diciendo: “Que gusto verte. Lo ves, te dije que te iban a durar más que antes”.
Luego de abrazar al zapatero y a su hijo (que casi llora al verlo) el viejo de los grandes pasos se sienta a un lado de la chimenea. Esperando. Esperando al hijo del remendero que llegaba con unas cuantas leñas para atizar el fuego. Esperando. Esperando escuchar al viejo, conversar con él quien sin importar su cansancio accede recostándose apaciguadamente en el respaldar de la silla. El viejo le sonreía y le contaba historias, historias de grandes viajes, de frutas exóticas y paisajes ilusorios, historias de fieras nunca antes vistas, de maravillas perdidas entre los caminos, historias que podrían llenar a un hombre (y más aún a un niño) por muchas noches con una sonrisa al pie de su cama y entre ellas el viejo también contaba historias de leyenda, de magia, de hombres que vuelan por los aires y mujeres que respiran bajo el agua. El amable remendero no creía mucho (o quizá nada) en aquellas historias pero le encantaba ver la emoción y el asombro en el rostro de su pequeño hijo, la luz aventurera de sus ojos cada vez que escuchaba los cuentos antiguos, sus ganas de ser parte de esos viajes, de esas leyendas. El viejo zapatero adoraba a su hijo y por eso arreglaba gustoso los roídos zapatos del viajero y conversaba con el e incluso lo invitaba a pasar la noche (con la condición en secreto de seguir contándole más historias a su hijo durante la cena) El hombre de los pies descalzos agradecía la hospitalidad y la cortesía regalándole (luego de insistir) una de sus tantas extrañezas que solía guardar entre los pliegues de su abrigo y que al parecer provenia de alguna lejana región del sur donde los ríos se convierten en montañas blancas y los hombres llevan el color del cielo en la mirada.
Esa noche como otras el viajero bajaba al sótano donde ya había una habitación acondicionada para el, el viejo con el cansancio del día a cuestas se despojaba de sus ropas, mientras acicalaba su espesa barba para luego disfrutar de la tibieza de una cama que no había tenido en días. En sus sueños el fatigado peregrino evocaba lunas de colores. Dunas que podían acariciar los cielos. Con la cálida sensación de la arena en el rostro el viejo rememoraba lagunas cristalinas, manantiales de sombra azul. Tórridas corrientes de agua que se empozaban con la naturalidad de una lluvia de verano ondeando con plácido clamor el cielo reflejado en el espejo del agua. El cielo estrellado, saliente e inalcanzable, matizaba en su hermosura la locura de colores que emanaban del recuerdo. Aquellas noches amarillas bajo los llanos del desierto, el mítico y rojo fuego de los claros del campo, la impávida tranquilidad turquesa del lienzo marino, el indescriptible tornasol de fuego, agua y amor. La fusión perfecta. El viento que cae en la tierra y la fecunda. La felicidad de dar vida. La máxima expresión de la muerte. Una sonata de invierno. Los primeros prismas de nieve. Los bosques, su espesura. La jungla del alma que en los hombres se llama corazón. Una tenue luz filtrada en la frondosidad de las ramas capaz de crear lugares perfectos. Las memorias de un cazador, de un artista, de un viajero. La imaginación de un niño que no sabe de misterios. Un cuenta cuentos, un salvador, un extranjero, un recolector. El coleccionista del mundo. El hombre capaz de guardar sus huellas, capaz de no olvidar, de soñar, de volar con ellas por los confines de su mente. De su propio mundo, donde las fronteras de la carne no lo limitan, donde transfigura sus deseos por recuerdos. Reminiscencias de una vida de mil vidas. Historias de un universo conocido, aquel que puede tocar con las manos. Cantos de un silencio alucinado. Un pentagrama de seis lados. Un dibujo delineado con los labios. Una estrella fugaz, una triste pero amante despedida. Los extremos del dolor, de la pasión. El llanto, la ilusión. El amor y la nada… liviana sensación de vanidad. La realidad que hace todo más constante, más tangible, más etéreo, más efímero; como en los sueños, sueños que algún viejo soñaba. Sueños que encerraban un mundo, sueños que liberaban su alma.
¿Cuántos recuerdos puede albergar un hombre? ¿Qué tan fascinante puede ser la luna para aquellos que siempre viven en el día? Aquí, mientras aún sea de noche, un amable zapatero duerme a un lado de su cama con un par de botas en las manos, un niño reemplaza la ausencia de su madre con una lágrima en la almohada y un viejo de barba blanca duerme sus años remembrando una vida, una vida que al despertar saldrá sin despedirse (como ya es costumbre) aprovechando el frió de la mañana para no sentir su fatiga. El viejo caminara bordeando los bosques dejando pasos grises en el camino blanco. Añorando, añorando más historias, más recuerdos, más personas. Atesorando, atesorando siempre el mismo par de zapatos, al mismo niño y al mismo remendero; metáforas de una vida que alguna vez llevó y que ahora solo extraña a momentos. Con la bruma del tiempo cubriendo el cielo se detiene y se pregunta ¿Qué habrá más allá? El coleccionista del mundo sonríe, suelta su silencio en un suspiro y empieza a caminar con la niebla del amanecer envolviendo su cuerpo hasta perderse en su misterio.
Nota a pie de página: Tenía este escrito hace un par de días, pero con todas estas cosas en las que ando no podía asirme del sentimiento adecuado para terminarlo. Creo que tengo que atribuir a una persona en particular el haberlo terminado. Ya se lo diré cuando la vea.
domingo, 12 de septiembre de 2010
Escritos de Ensoñación Nº 8: LOS ABRAZOS DEL ALMA (post – 49)
Año 2006, cuatro años atrás, no creo que en un día como hoy, pero quizá sí en un mes parecido a este, donde el invierno no lo es tanto en las mañanas como lo es por las noches, donde las calles parecen vacías aunque estén llenas de gente y donde yo ya guardaba mis primeros escritos en retazos de papel que escondía en los bolsillos de mi pantalón, sin cruzárseme por la mente siquiera el compartirlos, el publicarlos o leerlos y menos a Aura, que en ese año y como ahora ya es costumbre aparecía de vez en cuando para hablarme, para caminar, para llenarme aún más los bolsillos, para mejorar mis historias.
Una de esas noches en las que yo bajaba del boulevard, abstraído y distraído, me detuve a conversar con un viejo amigo que aún tengo, sin nada en particular que decir, solo para platicar. Es curioso pero quizá en los inviernos el alma se duerme un poco por el frió que contienen los heleros, como si el hielo del mundo empozara nuestras almas. Lo cierto es que no la sentí llegar o acercarse, solo miré y ahí estaba ella, no recuerdo quien la acompañaba, no recuerdo cuanto tiempo tenía sin verla, solo tengo grabado en la memoria que la saludé y nos abrazamos automáticamente, como un reflejo, un abrazo que nos sumió en una noche diferente, un naufragio para dos, la fisonomía de un secreto… el abrazo de las almas.
Como confesar una emoción con los movimientos del cuerpo, transmitir un deseo, un anhelo de felicidad, de complemento. Mi primer impulso natural. Una sincronía de latidos que aún ahora me acompaña cada vez que me detengo. Pienso en ella, atisbos de lo que podría sentirse consumar un espejismo. La propia esencia abandonando la carne y los huesos huyendo por los poros de la piel como si el cuerpo entero suspirara. Paralizando el corazón, quemando la sangre en mi pecho, dejándome sin aire, cambiando mi centro, dejándome suspendido en un silencio abrasador, un cúmulo de emociones de tórridos momentos, respirando por inercia, oyendo por inercia, sin oxigeno, sin sonidos, con el halo entumecido, dudando; entrelazado en lo deslumbradoramente etéreo del tiempo. Sintiendo como una aura imperceptible nos envuelve alrededor, el resultado de su transpiración en la mía, la mezcla sordina del calor que se convierte en fragancia, el inútil abandono de un mundo que por un instante nos hacía feliz, la inopinada aproximación de lo que algunos llaman amor, intransigente capricho… un beso imaginario con los ángulos del cuerpo.
Mas a mitad de la noche me asaltaron la luna y sus estrellas, preguntando ¿La vas a dejar ir o ella te dejará ir? Ni lo uno ni lo otro, inexactos son mis recuerdos, creativos a veces, pero no temo decir que trastabillamos un par de gradas abajo y terminamos separados, ella con una sonrisa enrojecida y yo con una frase estúpida, parte de mi nerviosismo. Lentamente, a regañadientes, los cuerpos recobraban su espesura, su soledad, sus barreras. Hubiera querido susurrarle lo mucho que presentía que sería para mí, pero hay cosas que no es bueno decirlas aunque el corazón nos apueste su certeza, quizá en ese entonces compartimos una epifanía, quizá el recuerdo de un futuro nos incluyó en sus delirios, quizá después de todo si existen dos almas con la misma medida. Quizá, sin importar el invierno, hay meses donde los cuerpos pesan menos que el alma y caen como una caricia. No importa como, todos hemos tenido besos más íntimos que un abrazo; pero abrazos más íntimos que un beso, solo pueden ser los abrazos del alma, empatía que toma años en otros cuerpos conseguir y aunque ahora en estos años los días se pasen muy rápido es bueno poder recordar mis nostalgias, que formar parte de lo que soy porque me gusta ser quien soy y las personas que conozco y conoceré a causa de ello.
Nota a pie de página 1: Algo demorado lo sé. Hace mucho que no hablaba de Aura
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Escritos de Ensoñación Nº 4: ANHELANTE AZUL (post- 20)
"Sublimado estoy ante la enormidad del cosmos, ante la inmensidad de ideas, de sentimientos, lo que el hombre no sabe explicar y atribuye a una fuerza superior que tampoco sabe nombrar. Magia que llega a mis ojos y nubla mi vista. Ah… mi percepción se confunde y mi atención se diluye en múltiples ideas de múltiples personas aunque todas sean las mismas y yo sea el diferente, aunque la ausencia que sienta de ellas no sea otra cosa que mi presencia vacía, quisiera abandonar mi intermitencia a esos momentos, quisiera encontrarte cerca a mi, pues no hay calor en la distancia y si cambiaras tu mirada por la mía entenderías que lo que me separa de mi es el reflejo de una luz y de un destello azul, azul como el mar en la noche, con su tiempo azul, su mundo azul, su anhelante azul, cuando todo alrededor despierte en su oscuridad yo estaré ahí, perdiendo poco a poco mis sentidos, cediendo cada rastro de humanidad, renunciando a mi cuerpo, a mis pensamientos, a todo para poder ver más allá, para abandonarme en su infinito, para comprender y sentir, cuando me haya despojado de todo, que lo que hay más adelante es solo lo que llevo conmigo".
Hoy… yo, Aura, Nieve… somos deseos de una mirada que refleje la luna sobre el mar, de la hermosura del alma sobre el cuerpo, deseos de sentires. Reminiscencias de mis días, aquellas presencias que sorprenden a momentos como el repasar de mi memoria por la tinta que hilvana mis recuerdos. Todo aquello que me mueva y que sea impredecible. Porque como el viento ellas son tan similares a mis ojos y tan diferentes en mi piel. He tenido muchos finales en mi vida pero la mayoría de ellos lleva esta sensación… la sensación del universo, un todo incapaz de mostrarse en partes; la sensación del mundo, un mundo contemplado por una hormiga, una hormiga capaz de volar pero cuyas alas no pueden cubrir todo el cielo, la inmensidad, el vacío. Pero no podría negar la ternura de la vida, una corta historia, el encuentro de tu vida con la mía (a momentos) no podría negar tu atracción innata ni mi impulso natural de seguirte. Lo estúpido que soy cuando te siento cerca… A veces las cosas no tienen que ser para que precisamente sean recordadas, solo basta que sea importante, importante para ti… de tantas formas… Lucido espejo de mis propios anhelos, porque aún te espero (aún te sueño...) Como a los sueños que no se quieren evitar. Porque todo lo que venga a nosotros y nos haga sonreír vale la pena hasta luchar con uno mismo por conseguirlo.
Si, uno siempre ha de conservar aquel temor enamoradizo de la tristeza que visita a momentos, temor de ver acabar los días que aprecio, las personas que quiero… miedos, costumbres en el tiempo que no son más que fragmentos de las personas que un día fuimos, de lo que elegimos sentir y de lo que quisimos cambiar… porque ahora ese chiquillo es un joven caminante y de tonto solo le quedan las recurrentes ganas de jugar a serlo, las palabras en su mente ahora vienen también del corazón y sus frases son ahora frases bonitas, elegantes, cursis y torpes por entero. La belleza del caos, de su fuerza, su intensidad y su fugacidad. De no poder vivir en lo tranquilo y lo estable porque no hay nada que crear allí, no hay nada que mejorar, ni nada que esperar así que entinto primero una disculpa porque aún hay emociones que no sé como sentir. Estoy dudando, titubeando entre lo que podría querer y lo que quiero más y hoy quisiera dibujar mi presencia, hoy quisiera renovar ausencias y es que “tendemos a volar mucho” “sensaciones de magia” pero más allá del viento que se vuelve lluvia y de los días de primavera que no les apetece serlo voy tan ensimismado que suelo olvidarme de lo que es realmente importante y al final termino robando (o rogando) un poco de tiempo, una decisión, una oportunidad, unas palabras del alma. Quisiera escribir cada vez que me acorrale el día, cada vez que me pretende la ilusión, que me conozca otra vez… cuando vuelva a imaginar… Anhelante Azul.
Fin del post… fin del capítulo… fin de
Nota a pie de Página 1: Si, aquí se acaba el blog. Su primera temporada ha terminado y este joven bloguero de 20 años necesita un tiempo para descansar, para olvidarse de sí mismo por una estación porque como quizá intuyeron por ahí, las cosas le fueron mucho mejor a Douma de lo que me fueron a mí porque después de tantos escritos aún hay personas que no me conocen, lo cual lamento.
Nota a pie de Página 2: No sé cuando regrese, no sé si me tome una semana o algunas más, si pueda dejar de escribir y pensar lo suficiente para poder apartarme. Nunca prometo nada que no sea seguro así que solo diré que he de volver cuando desee volver.


