Hola,
"Podria decirte que son historias, cuentos, relatos o simples anotaciones en un diario, pero la verdad es que solo a ti te corresponde la eleccion. Como en el amor y la vida... todo depende de ti..."
sábado, 20 de septiembre de 2014
Despedida
Hola,
lunes, 27 de enero de 2014
Escritos de Mar N°14: NO TE OLVIDES... (Post - 96)
miércoles, 15 de enero de 2014
Escritos de Fuego N° 17: LOVE SOON... (Post - 95)
Todo vuelve, el mundo es redondo dicen. Todo vuelve, el efecto mariposa en nuestras vidas no conoce de elusión. Las frases que las personas dicen suelen ser falacias poco estudiadas palabrerías inventadas para no experimentar más allá de la epidermis del alma.
El mundo que engaña al mundo ensordecido, adormecidos de tanto girar el día entero se nos pasa la vida en solo aparentar. Aparentar que somos grandes, que el dinero es más importante que la vida siempre debe continuar. Recuerdo haber tenido una época en la que no sentía pensar, pensar demasiado, ahora creo que es extraño no estar acostumbrado a decepcionar.
Son todos lo amigos que no saben como eres, son todas las veces que pasas por mi mente. Todas las cosas más importantes de mi vida terminan en nuestra cama y cuando sé que lo son veo que no estoy hablando de ti estoy tratando de saber quién soy y que es lo que tengo alrededor.
Encontrar algo pueda llamar amor... pronto.
Nota a pie de página: I´m calling you Love Soon...
lunes, 1 de octubre de 2012
Escritos de Ensoñación N° 16: "LA AVENIDA DEL CAFÉ Y LAS COPAS..." (Post - 86)
Luego de varios años, cada lunes como a las seis te vuelvo a ver.
PARTE 2
viernes, 24 de agosto de 2012
Escritos de Tierra N° 14: INNOSCENCIA (post - 84)
martes, 10 de julio de 2012
Escritos de Viento N° 17: LEARNING TO BREATH (Post – 82)
lunes, 7 de mayo de 2012
Escritos de Ensoñación N° 15: PUENTE DE CEREZOS (9/15) (Post - 80)
domingo, 19 de febrero de 2012
Escritos de Mar N° 14: PUENTE DE CEREZOS (4/5) (post - 78)

Serán mis buenos deseos mi única manera de acercarme a ti… Las hojas de tallo rojo que apenas florecían las primeras semanas de setiembre ahora se ven marchitas. Ha pasado casi un año desde que abandonaron su color.
Los niños de primaria que antes nos veían pintar la tarde en sus columpios a escondidas ya no me preguntan si somos novios. Ahora me preguntan dónde estas. Su forma más precisa de hablar me hace comprender de nuevo, que ha pasado mucho tiempo.
Como te mencioné alguna vez, la gente del salón ya no nos fastidia, ahora tienen otra novedad. Solo las chicas que ocasionalmente me preguntan por ti, me preguntan además si pasó algo entre tu y yo, pero como ya imaginarás no les he contado nada. No creo que sean las indicadas.
Sobre el tejado de madera, debajo del árbol cerca al parque, en la tienda de los helados, por el boulevard al lado de la plaza, bajando el puente, un lugar perfecto para el atardecer. Todos aquellos, nuestros lugares favoritos, parecen verse algo diferente. Inclusive el aroma liviano de cemento en la lluvia de ciudad que tanto solía agradarte respirar creo que huele diferente. Comienzo a creer Cari, que empacaste mis sentidos en tu maleta.
El camino de regreso luego de las clases va largo hasta perderse del otro lado de mi vista. No recuerdo desde cuando comencé a contar las piedras, las grietas, la rutina de quienes pasan alrededor de mí. Entre las 6 y 7:35. Mis maneras de pasar el tiempo en esta parte del día son escribir y leer lo que me escribes. Cuando se apaga la tarde y llego a casa tengo la sensación de haber platicado contigo ¿Será verdad que los trenes de allá llevan tantas personas Cari? ¿Serán verdad las historias sobre aquel puente?
Como es costumbre aquí en el pueblo han inaugurado el festival del río. Como cada año en esta semana las actividades empiezan con fuerza, las personas ya se muestran por las calles con los atuendos de colores típicos de nuestra localidad. Las bengalas en la noche son el broche de oro ideal para las celebraciones y las danzas. Los colegios compiten para ver quien es el mejor en el carnaval. Esta vez quedamos en segundo lugar. Nos esforzamos mucho, Cari. Ganamos en el baile y en los concursos de velocidad, si seguimos así estoy seguro que el próximo año nos llevaremos el trofeo a casa. Si es así, te prometo tomarme una foto con ella y enviártela, seguro te gustará mucho.
Hoy es domingo, ya casi va a oscurecer y para terminar el festival todos los estudiantes de todos los colegios estamos en la cuenca del río cada uno con un velero. Se dice en el pueblo que si amarras una vela en un velero de papel y madera y lo dejas navegar por el río sin que este se llegue a apagar tu deseo más anhelado se cumplirá. Quizá la razón por la que solo los estudiantes hacemos la tradición es porque los adultos saben que eso no es verdad. Eso era lo que pensaba. Cari, los adultos no pierden la ilusión solo entienden que los deseos se vuelven con el tiempo metas por cumplir y el alcanzarlas depende únicamente de ellos y cuando no lo hacen entristecerse es algo inevitable. Los veleros en el río son tantos que por un momento imagino el mar, las costas de una playa, un velero de verdad. Tan grande que sea capaz de llevarme a cualquier lugar, al lugar al que más quiero llegar… Soy un niño todavía Cari, no puedo evitar volar la mente. Los miro, miro a los adultos que nos miran y quisiera estar ahí con ellos ¿Sabes que es lo que carga mi velero? ¿Dónde quisiera estar…?
La noche cubre lenta. Las velas que a lo lejos permanecen encendidas parecen reflejar las estrellas. Al final del festival uno debe contemplar las luces hasta perderlas de vista. Sin embargo yo prefiero marcharme y no mirar atrás. Un mar de velas debe ser algo muy hermoso de ver, pienso, pero el admirarlas tanto tiempo no me traerá felicidad. Serán mis rutilantes deseos mi única forma de llegar a ti… esa noche, por segunda vez Cari… quise que no fuera así.
lunes, 24 de octubre de 2011
Escritos de Fuego N° 14: ¿NIÑA O MUJER…? (post - 74)

Eso es, si, así… sigue así… mantenme fija tu mirada, mantenla así, que sea capaz de inquietarme, que sea capaz de avergonzarme, de hacerme voltear, de excitarme… esa sería la diferencia que buscas, la forma de hacerme reconocer que eres una mujer y no una niña, una mujer capaz de incitarme, de ponerme nervioso, de erizarme la piel.
Si, así, lo haces muy bien… Desliza tu intención… Humedécete los labios como si estuvieras lista para recibir mi beso y quédate allí… en esa posición… no avances, hazme desear que lo hagas, juega con mi pasión, mi desesperación por tenerte. Enséñame a anhelarte, a poseerte. Confiesa para mi lo que te revelas a cada segundo… que eres atractiva, que te encanta mi forma de tomarte, de besarte, declárame que te vuelve loca mi agresividad aunque en un principio lo negaste, cautívame con destreza y luego detenme… hazme preguntas inocentes… como si no supieras lo que hago… como si acabaras de olvidar lo que hiciste y cuando me descuide y cuando te crea por abandonarme en tu mirada búrlate de mi y vuélvelo a hacer, que la aparente inocencia en una mujer es seductora y cualquier hombre en el mundo caería como un tonto sobre ella…
No te pierdas. Desaparece la vergüenza, que se esfume con cada gota de sudor que se evapora de tu cuerpo. Actúa con malicia, desabrocha mi camisa sin que me de cuenta. Arríbame, asalta mis costas con violencia, ese delito que siempre deseaste cometer. Sé impulsiva, trasgresora como cada vez ya lo eres… Me vas sorprendiendo, cada vez que pienso que no vas a continuar me impresiono… serias una niña si te hubieras retirado, pero el caso es que sigues cuando deberías detenerte… y no hay nada más aprisionante que la seguridad de una mujer…
Ya estas tomando el control… me vas tentando con cada gesto, con el solo permiso que le das a mis brazos de rodear tu cintura, con la venia de besarte el pecho, de escuchar tus primeros gemidos. Con tu lengua… siente como tu boca se llena de mi, sé egoísta, caprichosa… una niña lujuriosa, una mujer apasionada sé todo lo que tú quieras ser, ya no te pongas más limites que para mi nada importa, todo es justo nada es pecado, yo no pienso mal solo hacemos lo que sentimos. Sé la niña que sucumbe ante los depravada vehemencia de un extraño o sé aquella niña que se despoja de todo para descubrir el mundo y que elige en su momento a este loco trovador que sabe más de lo que aparenta, que trasluce sus deseos ante sus ojos como si no lo hiciera intencional, que luce mal y no le importa, que solo le preocupa el hacerte sentir… y hacerte vivir una tarde inolvidable…
Ahora, atrévete a tocarme… a robarme los labios arrancándome los besos. Atrévete a tocarte… Provócame… hazme desear que tus dedos fuesen los míos. Sedúceme, muérdete los labios como si no pudieras aguantar la presión de tus manos sobre tus piernas, como si llevaran mi fuerza, como si el rasguño de tus uñas te doliera y luego siénteme, siénteme como un intruso, siénteme que no hay placer más sublime que sentir, no hay placer más apremiante que satisfacer nuestros deseos y entendamos juntos que para descubrir el mundo como quieres primero tenemos que descubrirte a ti…
Una niña de 18 ó 19 que en sus nuevos juegos me hace comprender que quiere dejar de serlo. En la forma de acercarte veo lo que pretendes, lo que ansías… aunque me gustaría saber si tú lo sabes por completo… lo que intentas en la curva de tus ojos me motiva a preguntarme ¿Serán solo travesuras de niña o intenciones que mujer? Mi ambición se aviva al comprender que más que yo eres tú quien quisiera comprobarlo… ¿Niña o Mujer? ¿Quién quieres ser? ¿Quién puedes ser? En mi cama, en mis brazos, en mis manos… siento…
Creo que ya es tiempo de averiguarlo…
Nota pie de página: Maybe tomorrow...
lunes, 11 de julio de 2011
Escritos de Fuego N° 12: PARA DORMIR CONTIGO… (post - 64)

Hay un ligero aire que se cuela entre las sabanas. Danzando, se entromete entre los pliegues del cobertor rasguñando con su helado nimbito mi hombro. Siempre he sido un hombre de sueños ligeros y ante ese descuido me despierto. Tímidamente restriego mi mano sobre mi piel y siento su sequedad, siento frio y con los ojos entreabiertos me cubro nuevamente el cuerpo. Con los ojos entreabiertos veo que estas aún más destapada que yo – Quedamente murmullo – “De seguro has de estar helada y tu ni te mueves…” – Pienso somnoliento – “Además de los ronquidos al parecer también tienes el sueño más pesado que yo…”
Inevitablemente aclaro mis ojos, mi mirada perezosa se detiene en tu cuerpo. En tu desnudez. Eres tan avergonzada cuando quiero contemplar tu cuerpo desnudo que estar mirándote así ahora me parece algo prohibido. Sonrío. Sonrío y recuerdo que hace solo unas horas nos hacíamos el amor como locos. Tú me excitas mucho. A pesar de tener sueño, de estar cansado y de ya haber estado contigo esta noche aún quiero seguir haciéndote el amor. Pero sería complicado (¿injusto?) despertarte ahora solo para satisfacer mis ganas, sobretodo cuando te ves tan hermosa así dormida. Lentamente me acerco a ti, te doy un suave beso en la mejilla y subo las sabanas de nuevo desde tu cintura hasta tus hombros… No quiero que te resfríes. Ya ves, y tú que crees que no te amo, que solo estoy contigo porque eres increíblemente atractiva, si pudieras verme ahora…
Luego de dar una última espiada a tus piernas, tu sexo, tu cintura, tus senos y tu espalda me acurruco frente a ti, te escucho respirar (roncar) te veo el cabello desarreglado y el rostro sin maquillaje; veo tus lunares, las manchas pequeñas y rojizas de tu piel, tus arrugas incipientes. Cuando estás dormida observo todo lo que en ti considerarías imperfecto, lo observo todo y creo, pienso y siento… que eres hermosa.
No puedo resistir. Voluntariamente claudico ante el aroma de tu cuello, abdico en la calidez de tu espalda, me rindo ante lo sublime maravilloso de tus senos. Te abrazo… amenazando tus ojos cerrados. Me pego a ti… incitando tu despertar.
Que misteriosa es la naturaleza humana, la pasión de sus cuerpos, el suave caudal de su amor que nos lleva siempre por el mismo camino, nos encierra, nos ahoga, nos eterniza. No sé si seguías dormida, si despertaste por un instante, si tu cuerpo realizo lo que soñabas, si solo fue un reflejo… pero te toqué, te toqué y al hacerlo tu volteaste hacia mí y me abrazaste el pecho, con tus piernas entrelazaste las mías encajando tu rostro perfectamente entre mi hombro y mi mejilla.
Llegaste a mí. Te abracé delicadamente y me quede contemplando el vacio, buscando en su inmensidad lo que busco, lo que puedo ser… sin necesitar respuestas me quede dormido… Sé que no te lo he dicho, pero… Te amo por la inmensa paz de ese momento.
“Para dormir contigo, para sentir tu calor, para amarte más debo primero ser feliz conmigo mismo, conocer lo mejor antes de adorar lo extraordinario…”. Bonita, espero que en la mañana todavía sigas aferrada a mí… para dormir contigo hasta que llegue la tarde…
Nota a pie de pagina: Que bueno es dormir toda la tarde...
sábado, 14 de mayo de 2011
Tinta Séptima: UNA SEÑAL DE CUIDADO (post – 62)
“No soy perfecto. Aún sigo viviendo tratando de no lastimar a nadie. Aún hago las cosas deseando la felicidad. Soy egoísta. Aún quiero complacer a todos. Aún busco ********** ** **…”
Como parece, las cosas nunca han sido como al final quiere uno que sean, la mañana en la que planeas levantarte esperando hacer todas las cosas que tienes pendiente hacer, es la mañana en la que más cansado y con la que más flojera te levantas (si es que llegas a hacerlo). La ultima oportunidad para aprobar ese examen que puede salvar tu agonizante camino hacia el examen de aplazados o a repetir el curso, es el día en el que reniegas completamente de todo, en el que rebates la existencia de tu clase, tu escuela, tu universidad, de ti mismo y por supuesto de ese triste incompetente (la mayoría de veces) al que te toca decirle “profesor”. En ese momento crees que todo el significado de tu existencia se decide en si estudias o no para ese examen porque sencillamente no tienes ganas de darle viada a esa larga rueda del sistema académico del que (solo por ese día y solo en ese momento) ya estas harto solo para pasar un mísero curso que no demuestra en lo absoluto tu capacidad intelectual (argumentas tu) ni tu manera competente o no de solucionar los problemas de tu vida.
Finalmente cuando tratas de agradar a alguien, de preocuparte o de ayudarle en sus escabrosos conflictos emocionales con el único objetivo de hacerle sentir mejor y demostrar lo mucho que te puede importar no caes en la cuenta de que esa persona podría enamorarse de ti, no obstante a veces hacemos todo eso esperando que ese alguien se fije en nosotros y se enamore de nuestra presencia, de nuestro inamovible deseo de verla feliz. Sin imaginar, envueltos en una total ingenuidad, que eso ya es absolutamente imposible ¿Por qué? No lo sé, porque hay personas que simplemente van a regresar siempre al origen de todos sus males con una impulsividad suicida y una convicción que sinceramente es sorprendente. Aunque nos duela aceptarlo. ¿Entonces? ¿Qué pasó? ¿Qué hago ahora? Nada, solo cierra la boca y sécate los ojos, no es tu culpa ni lo uno ni lo otro, ni el primero ni el segundo pues como dije antes las cosas nunca han sido como uno al final espera que sean.
Quizá renunciar a tenerlo todo y ya no esperar por finales enteramente felices sea obtener poco a poco esa inverosímil e intangible prenda que solemos llamar madurez. Es una pena, pero, que a veces esa escurridiza madurez lleve más de tristeza que de felicidad. Es una pena ver a una virgen que llora, una niña con los ojos rojos aprendiendo a controlar su llanto, a no dejarse abrazar… a reprochar su inocencia. Es una pena ver como las personas cambian y estar ahí para notar el cambio y lo mucho que nos pueden herir así y lo mucho que podemos aferrarnos a su recuerdo. El principio de una mirada a los confines de un alma blanca ahora resquebrajada. Hay una señal de cuidado en todos nosotros, una señal que no se ve, que escondemos muy bien, que nos cuesta develar, una herida en nuestro costado tan honda y tan fuerte que al leve contacto podría hacernos morir.
Las cosas no siempre son como uno desea que sean y alrededor de las luces, las personas y los anuncios a todo color van caminando unas niñas con frías sonrisas, un hombre a saco y corbata, una mujer apresurada… corazones en reparación… todos nosotros en ellos… un corazón con señal de cuidado que nos prohíbe y nos previene de entrar en una zona tan intima y tan personal que al tratar de curarla sus heridas podrían reaparecer en nuestro cuerpo. Heridas símbolos de malos recuerdos, de esperanzas perdidas, de tantas cosas que vivimos y no entendemos. ¿Y yo? ¿Qué podría hacer? ¿Cómo podría ayudarte? Cuando acompañarte me parece tan poco, cuando no soy capaz de sanar tu dolor en un instante, cuando todo lo que te pueda decir ya te lo has dicho tú entre sollozos, cuando solo puedo escribir, cuando solo puedo esperar… una señal de cuidado. Cuidado con las cosas que pueda hacer, con lo que quiero (sienta) decir, con la forma de poder ayudarte. ¿Mi manera de acompañarte bastará…?
Las cosas no siempre son como uno quiere que sean. Siendo así… ¿Qué puedo hacer yo para cambiarlo… para seguir adelante…?
Nota a pie de página: Ahora los post se colgaran cada sabado exceptuando el ultimo de cada mes, como siempre.
jueves, 3 de febrero de 2011
Escritos de Fuego N° 11: POSA PARA MÍ (post – 59)

Deja la tele encendida, puede que opaque un poco tus gemidos. Coloca un listón azul en la perilla de la puerta, dicen que es la mejor manera para no ser molestados. Una graciosa indirecta para gritarle al mundo que no los queremos aquí. Aunque no es preciso explicarlo luego de ver tu rostro sonrojado y mi sonrisa indiscreta no creo que la recepcionista piense que estamos aquí para tomar el té, asi como no veo posible tampoco que haya creído que los nombres que le dimos eran verdaderamente los nuestros pero como te murmuraba ayer mientras te daba de mordisquitos en el cuello: “Esta va a ser una experiencia muy divertida, bonita…”
Las escaleras que dejamos atrás a pesar de ser angostas brindaron el espacio necesario para comenzar nuestros juegos. (((Suficiente ya es que creas reconocer a todos lo extraños con quienes nos cruzamos por la calle cada vez que nos besamos para que ahora sí nos topemos con alguien que en verdad te pueda saludar)))
Detrás de nuestras cuatro paredes todo el mundo queda atrás. Dentro solo hay un hombre sin profesión, sin cargos, sin historia, dispuesto a hacerle el amor toda la noche a la mujer sin miedos, sin compromisos y sin presiones que yace al lado suyo. Teniendo toda esta noche de enero para los dos no puedo evitar el sonreir y decir: “Lo bueno de estar en un cuarto de hotel es que nunca vas a tener que preocuparte de cómo dejaste las sabanas de la cama…”
Aprovechando tus acostumbrados 4 minutos que pasas en el baño para arreglarte, cambiarte y sorprenderme con una nueva y, cada vez más, diminuta lencería apago tu celular y lo escondo en las profundidades de tu bolso. No queremos (quiero) que tu enamorado nos arruine el momento, sin embargo tal vez deberia llamarle y dejarlo en linea para hacerle escuchar como hacerte sentir mujer. Tal vez asi aprenda o por lo menos sepa porqué prefieres estar conmigo. Mas luego de un rato desisto de la idea, no quiero ser responsable de aumentar las cifras de alcoholismo en el mundo. Aunque este tentado. Una pequeña travesura que ya me perdonarás después.
La silueta a contraluz que proyectas es en muchos sentidos perfecta. Tu manera de venir hacia mi, tus encajes, tus portaligas, tus tacones altos. Tu cuerpo desnudo es lo que quiero ver. Me place, me excita, me alimenta, me da vida. Posa para mi, te ordeno dulcemente. Posa para mi, modelando tu atracción. Posa para mi, porque tambien te gusta.
No… ¿No? Dices que no meneando la cintura. Dices que no moviendo las piernas. Dices que no… desvistiendote. Desnuda saltas hacia mi sedienta de calor, de carne en tus uñas deseantes de respuestas ¿Por qué soy asi? ¿Por qué hago lo que hago? ¿Lo que te pido? ¿Por qué accedes? ¿Por qué me quieres?... una vez más ansío que tu sudor se mezcle con el mío, ansío sentir mis músculos romperse, tu respiración agitada que humedece tus cabellos, tus dientes arrancándome la boca. Posa para mi, para este momento. Has que nunca lo olvide, que siempre vuelva a mi como esta noche de enero. Posa para mi sin dudas, sin temores, sin mentiras. Posa para mi que todo lo que digo y siento es verdad. Posa para mi ¿Te digo por qué? No lo sé… quizá porque como artista deseo admirarte, dibujar tus fronteras con el pincel de mi lengua, reescribir tu cuerpo con la tinta de mis dedos, reafirmar tu sexo con la fuerza de mis manos. Por ti soy dibujante, soy escritor, soy escultor… No lo sé tal vez es solo que, como dices tú… soy algo pervertido.
Contando las velas de nuestro cuarto de hotel apunto de llegar la mañana el golpeteo de las gotas de lluvia que caen en la ducha llegan a la cama como un tibio arrullo. Yo, en ella, calmado, no hago más que pensar en ti aunque no me creas del todo. Sin hacer ruido mi fascinacion por ti hace que me levante y camine de puntillas hacia el baño para escucharte duchar. Mi curiosidad se vuelve pasión cuando luego de asomarme contemplo que no solo no has dejado la puerta cerrada sino que la has dejado entreabierta. Complacido voy hacia la fuente de mi arrullo deseando, pensando (((Aunque no me creas del todo, creo que me estoy enamorando de ti...)))
viernes, 29 de octubre de 2010
Escritos de Tierra Nº 10: EL COLECCIONISTA DEL MUNDO (post – 53)
Sabes, dicen que hay pueblos olvidados a los que les gusta estarlo, pueblos donde las bestias salvajes viven en comunión con los hombres, donde los niños juegan en el lomo de los leones y los ancianos ayudan a las aves a hacer sus nidos, dicen que hay ciudades donde la gente no se rige por monedas, dicen que en los confines del mundo el mar se convierte en piedra y que hay lugares donde el fuego nace de la misma tierra ¿Y quienes dicen todas estas cosas? Bueno, en realidad solo uno las dice y es aquel viejo que va ahí. Ése, el de la barba blanca, el que tiene las ropas color montaña. Ése, el que va descalzo y con par de zapatos parvos en la mano. El estuvo aquí hace rato, suele venir cada año aunque no se sabe cuando ¿Y a donde va? No lo sé, pero creo que menciono algo sobre un remendero y un niño que no ve hace mucho tiempo.
El hombre de los pies descalzos camina en dirección a una pequeña tienda. Se detiene. Entra y toca una sola vez la campana del mostrador, del fondo del bazar aparece un hombre con las manos oscuras y la camisa algo percudida, llena de un olor a cuero. El hombre ve al viejo, su barba, sus ropas y luego ve los zapatos sus parches, sus huecos y los reconoce, no puede evitar profesar una amable sonrisa. El zapatero regresa los ojos al viajero diciendo: “Que gusto verte. Lo ves, te dije que te iban a durar más que antes”.
Luego de abrazar al zapatero y a su hijo (que casi llora al verlo) el viejo de los grandes pasos se sienta a un lado de la chimenea. Esperando. Esperando al hijo del remendero que llegaba con unas cuantas leñas para atizar el fuego. Esperando. Esperando escuchar al viejo, conversar con él quien sin importar su cansancio accede recostándose apaciguadamente en el respaldar de la silla. El viejo le sonreía y le contaba historias, historias de grandes viajes, de frutas exóticas y paisajes ilusorios, historias de fieras nunca antes vistas, de maravillas perdidas entre los caminos, historias que podrían llenar a un hombre (y más aún a un niño) por muchas noches con una sonrisa al pie de su cama y entre ellas el viejo también contaba historias de leyenda, de magia, de hombres que vuelan por los aires y mujeres que respiran bajo el agua. El amable remendero no creía mucho (o quizá nada) en aquellas historias pero le encantaba ver la emoción y el asombro en el rostro de su pequeño hijo, la luz aventurera de sus ojos cada vez que escuchaba los cuentos antiguos, sus ganas de ser parte de esos viajes, de esas leyendas. El viejo zapatero adoraba a su hijo y por eso arreglaba gustoso los roídos zapatos del viajero y conversaba con el e incluso lo invitaba a pasar la noche (con la condición en secreto de seguir contándole más historias a su hijo durante la cena) El hombre de los pies descalzos agradecía la hospitalidad y la cortesía regalándole (luego de insistir) una de sus tantas extrañezas que solía guardar entre los pliegues de su abrigo y que al parecer provenia de alguna lejana región del sur donde los ríos se convierten en montañas blancas y los hombres llevan el color del cielo en la mirada.
Esa noche como otras el viajero bajaba al sótano donde ya había una habitación acondicionada para el, el viejo con el cansancio del día a cuestas se despojaba de sus ropas, mientras acicalaba su espesa barba para luego disfrutar de la tibieza de una cama que no había tenido en días. En sus sueños el fatigado peregrino evocaba lunas de colores. Dunas que podían acariciar los cielos. Con la cálida sensación de la arena en el rostro el viejo rememoraba lagunas cristalinas, manantiales de sombra azul. Tórridas corrientes de agua que se empozaban con la naturalidad de una lluvia de verano ondeando con plácido clamor el cielo reflejado en el espejo del agua. El cielo estrellado, saliente e inalcanzable, matizaba en su hermosura la locura de colores que emanaban del recuerdo. Aquellas noches amarillas bajo los llanos del desierto, el mítico y rojo fuego de los claros del campo, la impávida tranquilidad turquesa del lienzo marino, el indescriptible tornasol de fuego, agua y amor. La fusión perfecta. El viento que cae en la tierra y la fecunda. La felicidad de dar vida. La máxima expresión de la muerte. Una sonata de invierno. Los primeros prismas de nieve. Los bosques, su espesura. La jungla del alma que en los hombres se llama corazón. Una tenue luz filtrada en la frondosidad de las ramas capaz de crear lugares perfectos. Las memorias de un cazador, de un artista, de un viajero. La imaginación de un niño que no sabe de misterios. Un cuenta cuentos, un salvador, un extranjero, un recolector. El coleccionista del mundo. El hombre capaz de guardar sus huellas, capaz de no olvidar, de soñar, de volar con ellas por los confines de su mente. De su propio mundo, donde las fronteras de la carne no lo limitan, donde transfigura sus deseos por recuerdos. Reminiscencias de una vida de mil vidas. Historias de un universo conocido, aquel que puede tocar con las manos. Cantos de un silencio alucinado. Un pentagrama de seis lados. Un dibujo delineado con los labios. Una estrella fugaz, una triste pero amante despedida. Los extremos del dolor, de la pasión. El llanto, la ilusión. El amor y la nada… liviana sensación de vanidad. La realidad que hace todo más constante, más tangible, más etéreo, más efímero; como en los sueños, sueños que algún viejo soñaba. Sueños que encerraban un mundo, sueños que liberaban su alma.
¿Cuántos recuerdos puede albergar un hombre? ¿Qué tan fascinante puede ser la luna para aquellos que siempre viven en el día? Aquí, mientras aún sea de noche, un amable zapatero duerme a un lado de su cama con un par de botas en las manos, un niño reemplaza la ausencia de su madre con una lágrima en la almohada y un viejo de barba blanca duerme sus años remembrando una vida, una vida que al despertar saldrá sin despedirse (como ya es costumbre) aprovechando el frió de la mañana para no sentir su fatiga. El viejo caminara bordeando los bosques dejando pasos grises en el camino blanco. Añorando, añorando más historias, más recuerdos, más personas. Atesorando, atesorando siempre el mismo par de zapatos, al mismo niño y al mismo remendero; metáforas de una vida que alguna vez llevó y que ahora solo extraña a momentos. Con la bruma del tiempo cubriendo el cielo se detiene y se pregunta ¿Qué habrá más allá? El coleccionista del mundo sonríe, suelta su silencio en un suspiro y empieza a caminar con la niebla del amanecer envolviendo su cuerpo hasta perderse en su misterio.
Nota a pie de página: Tenía este escrito hace un par de días, pero con todas estas cosas en las que ando no podía asirme del sentimiento adecuado para terminarlo. Creo que tengo que atribuir a una persona en particular el haberlo terminado. Ya se lo diré cuando la vea.
viernes, 20 de agosto de 2010
Escritos de Fuego Nº 9: “PARA QUE NO ME OLVIDES…” (Post – 47)
Vislumbro alrededor los celos de las pálidas personas que nos miran al pasar, el contento suicida de la niebla que se ve penetrada por nuestro calor, como una vida tan hermosa puede excitarse en mi mirada, con mi voz. Tras la puerta su incesante coqueteo provocaba mi pasión, no me hubiera importado arrebatarle su osadía en ese preciso instante, calmar mis ímpetus y sus ansias, pero la puerta del ascensor nos sorprendió a los dos. Pero no del todo, ella tira de mi camisa y me lanza a un lado; yo hechizado, la tomo por la espalda y la presiono contra el elevador, respiro en sus cabellos, le quito mi abrigo y le beso el cuello con frenética codicia; ella no quiere perder y en seguida se voltea y cuela sus manos dentro de mi ropa aprisionando nuestros cuerpos que batallan más rápido de lo que la mente puede proponer. El ambiente se acalora, ese pequeño cuarto no es suficiente para los dos, pero llegar más allá de este es demasiado ilusorio, sin embargo todos sabemos lo inoportuno que puede ser la suerte en momentos como este. La puerta del ascensor nos sorprende otra vez, en menos de un segundo tratamos de cubrir todo lo que normalmente no se ve y un pasajero más sube al elevador, algo desconcertado se coloca delante nuestro sin decir palabra; ella totalmente en celo maldice su existencia un par de veces mientras en represalia a mi sonrisa comienza a recorrerme la pierna con sus manos sin importar si este sujeto voltea o no; yo, excitado, la cojo de la cintura y le muerdo el hombro entre besos.
Fuera ya del ascensor abrimos a duras penas la puerta de la habitación, las manos ya no responden, con los músculos del cuerpo tensados ella desbarata mi cabello, sofoca mi boca con sus besos, despoja mi cuerpo de sus ropas, acaricia mi pecho, mis brazos, deleita mi cuello con su lengua. Yo cierro la puerta tras de mi, recibo su goce encantado, la desnudo, alzo su cuerpo sobre el suelo y la llevo a la cama, cubro sus deseos con mis ganas, la beso en el cuello, en los hombros, en los senos, bosquejo la delicia de su cuerpo con mis manos, con mi aliento. En el vaivén de los momentos su atracción fue mía, su cintura ardía, sus fronteras quemaban, ella arañaba y enterraba sus uñas en mi espalda, yo bebía y mordía el elixir de su vida por todo su cuerpo, ella anhelaba aspirar las bocanadas de aire a vapor que llenaban el cuarto, yo solo anhelaba que su cuerpo humedecido impregnara de su aroma el mío cuando un orgásmico temblor sacudió nuestras ambiciones y nos dejo frente a frente en un idílico respiro. Lo cautivante del encierro y del momento es que ella aún quemaba.
Tiempo después, en efecto, comenzó a llover; el chispeante patinar que los carros por la acera enmudecía tras el empañado cristal de la ventana, con los dedos trate de dibujar lo incitante de su cuerpo desnudo en la cama pero sentí que mi mera aproximación sería solo un insulto así que me plací con solo con mirarla (No me gusta fumar, pero reconozco lo romántico y agradable que sería tener uno ahora). Refresco mi memoria con una ducha pero aún no recuerdo muy bien quien soy yo ni quien es ella, ni si somos amigos, amantes o dos simples extraños con frió es este cuarto pero no pretendemos averiguarlo. Al salir del baño, ella guarda sus cosas en su cartera y yo me visto la camisa de botones rotos con algo de orgullo, al terminar me acerco a ella, le tomo del rostro y le doy un tierno beso en la boca, ella además me da uno en la mejilla.
Al bajar y salir del hotel cada quien suelta una excusa por educación de porque no nos vamos juntos, aún llueve, así que yo le ofrezco mi abrigo para que se lo lleve pero ella se rehúsa diciendo que así estará bien, no replico, quedamos por cortesía en vernos pronto y nos despedimos con un último beso. Al escuchar mis propios pasos en la empapada vereda el frío regresa a mi, coloco las manos en mi abrigo y me percato de algo que no estaba allí. Una pequeña hoja de papel se queda entre mis dedos, es una de aquellas hojas perfumadas que trato de abrir delicadamente y que llevaba este mensaje para mi en letra color carmín “Para que no me olvides…”. Luego de guardar nuevamente aquella nota me fui doblando la acera intrigado, pensando en como hay cosas imposibles de hacer aunque uno quiera y como hay peticionas más fáciles de cumplir que otras.
viernes, 11 de junio de 2010
Escritos de Aniversario Nº 1: PRIMER AÑO (post - 40)

No tengo un pastel, no llevo conmigo un par de regalos, no me han felicitado y tal vez no lo veo necesario y es que no necesito más que una vela para poder festejar el sentirme bien, de tantas ideas que llevaba en la mente comencé a notarlas, a anotarlas… porque eso me hacia sentir bien.
Hoy tengo una de esas alegrías que comienzan en uno y son capaces de llegar a todo un mundo, una de esas cosas importantes que estaba acostumbrado a guardar para mí y que ahora muestro a los demás a mi manera, no he dejado de ser poco sociable, no he dejado de ser callado ni un poco ensimismado, pero todas esas cosas que antes me preocupaban hoy me hacen sentir bien aunque aún tenga formas de las que me hago por completo; sin embargo supongo que cuando todo lo que sienta lleve una oportunidad y cuando pueda realizar todas mis ideas ya no encargaré más las emociones a mi sangre en un papel. Así que está bien tener asuntos pendientes al igual que una vida entera para realizarlos.
Hablando sencillamente me parece increíble todo lo que ha pasado en este año, como he podido ser constante en todo este tiempo dejando de lado mi intermitencia, como empecé con un viejo cuaderno que yo mismo fabriqué y terminé aquí luego de romper su pasta y perder algunas de sus hojas, como me acostumbre a la seguridad del Internet y a los antojos que me daba para mejorar la presentación de mis trabajos, como me emocioné cuando pude googlear el blog o cuando aumentaban las visitas, cuando llegue a las 100, a las 500 a las 1000, como me convencía esforzadamente a mi mismo para publicar mis historias, para darlas a conocer… es increíble todo esto, como increíble será también lo que esté por venir, lo que sea que eso implique.
Soy malo para agradecer (quizá algo orgulloso) así que prefiero apreciar, aprecio mucho las visitas que ha tenido este blog de los diversos países que entraron en el ya sea por curiosidad o por despiste y aprecio más aún a los que se quedaron (un azar algo gracioso) así debería mencionar a Argentina, Bolivia, Canadá, Chile, Colombia, Ecuador, España, Estados Unidos, Panamá, Venezuela, como a otros más y por supuesto Perú. Todos los que me leen sin conocerme y encuentran algo de mi en ellos, a los que me conocen y se sorprendieron (o se enredaron) tratando de juntar esas dos imágenes que ellos tienen de mi para comprobar si cuadraban, la verdad es que yo también lo hago a veces y no siempre calzan, pero esta bien eso es muy natural de mi. Supongo que tanto para los que me ven como para los que no, llegar a entender esa confusión, esa diferencia y esa extrañeza que representa el conocerme vendría a ser uno de los motivos más importantes de mi aprecio.
Es gracioso como algunas personas piensan que este blog es escrito por un viejo sensato y filosofo o por lo menos por un adulto bien instruido el que aseguran que no baja de tener 28 o 30 años, bueno no sé si sea una decepción o no pero en realidad no soy viejo, no me importa tanto la palabra adulto y no tengo más de 22 años. Tampoco soy un gran seductor, no me paso horas meditando sobre lo que he de escribir de hecho solo he hablado de tres chicas a lo largo de este año y los escritos casi siempre los hago de última hora. Yo solo trato de escribir las cosas como vienen a mi, trato de enamorarme aunque sea difícil y trato de pensar a momentos para poder sentir un poco más.
A estas alturas el blog parece tener vida propia, yo tenia pensado tomarme un par de semanas luego de mis exámenes finales pero aparentemente algo me empuja a seguir escribiendo, aún tengo muchos temas pendientes y muchas historias que a pesar de mi remanente pudor seguro terminare contando, siendo así me gustaría seguir escribiendo por mucho tiempo más; así que yo seguiré fastidiándolos con estas historias cada vez que ustedes deseen escucharme o leerme. Después de todo llevamos juntos un año, así que tener otro ya no nos parece tan pesado… ¡Felicidades a ustedes por este primer año!
Nota a pie de página: Me pregunto cuanto tiempo durará este blog.
domingo, 6 de junio de 2010
Escritos de Fuego N° 7: ¿BAILAMOS? (post – 39)
Era de noche, yo, seis años menor de lo que soy ahora conversaba de algo sin importancia con alguno de mis amigos del salón, una de esas platicas en las que debes dar la apariencia de estar pasándola genial para que nadie note el hecho de que va más de dos horas de empezada la fiesta y tu no conoces siquiera si rechinan tus zapatos en la pista de baile. No es que nunca me haya gustado bailar, de hecho me dicen que de pequeño solía divertirme mucho en las fiestas moviendo delirante y acompasadamente mis extremidades con atisbos de destreza, pero supongo que todo cambio cuando dejo de gustarme la musica que los demás adoptaron como “bailable” así que poco a poco me fui apartando hasta esa noche en la que actuaba mis risas para que las chicas supieran que la estaba pasando bien con mis patas y que no me apetecía menear mis desaceitadas articulaciones al ritmo de una de esas canciones que estaban de moda.
Todo ya terminaba, algunas de mis amigas y compañeros ya se habían ido así que el local lucía oscuro dándole un aura romántica y abandonada, un gran amigo mío, cuya invitación a celebrar su cumpleaños no puede rechazar sin prever en la serie de predicamentos que tendría que eludir, estaba bailando con la chica que siempre le gustaba aprovechando el ambiente que había jugado coquetamente a su favor, siendo más de las doce el único amigo que quedaba de mi parapeto se escabullo a la terraza a tomar aire y súbitamente me encontré a mi mismo solo, a merced de cualquiera de mis restantes amigas que no dudarían en insistir una pieza conmigo si se acercaban lo suficiente, quise apostar mi seguridad a su falta de sueño y al dolor en sus pies para reafirmarme de que no se arrimarían a mis costas pero en un intento descuidado para preservar mi bienestar cruce la pista de baile para agazaparme por unos minutos en el vestíbulo, fue ahí cuando sentí la suavidad de una pequeña mano en la mía y una voz achillada por el frió y por el ruido que llegó cerca a mi oído diciendo ¿Bailamos?
¡Carajo! Pensé, como pude arruinar toda mi empresa en un par de segundos, cruzar la pista de baile fue como poner a un conejo a punto de mira en temporada de caza, gire discretamente y la mire, era Eliza. Me sorprendió un momento verla ahí tomando mi mano, ella que siempre bromeaba de mis cosas y que buscaba nuevas entonaciones a mi nombre y aunque nunca me molestaba que lo hacia me intrigaba su forma de ser y la poca vergüenza que tenia para burlarse de si misma imitando sonidos de animales o cosas. Intente salir del impase diciéndole que no sabía bailar (que es mejor que decirle “no me gusta la música que tu bailas”) pero ella insistió diciendo “No te preocupes yo te enseño” tirándome del brazo hacia el centro de la pista que ahora me parecía inmensa pues en ella solo estaban el cumpleañero que aún bailaba con mi amiga y ahora yo y Eliza. La música cambio a una salsa tranquila y pensé “Bueno por lo menos no es merengue” yo estaba completamente nervioso y avergonzado tanto por estar ahí con ella como por verla tratar de romper el cemento que tenía (y aún tengo en cierta medida) en los zapatos y desempolvar mis engranajes dancísticos, sin embargo ella fue muy dulce.
Me dijo -“Es sencillo solo te mueves contando 1, 2, 3 y 1, 2, 3 hasta que agarres el ritmo…”- y yo conteste -“Eh, no soy bueno con las matemáticas”- sintiéndome muy estúpido un segundo después de haberlo dicho pero ella sonrió y replico –“pero pon tu mano aquí…”- y calzó mi mano en su cintura y yo por poco me detengo, por poco la piso, no entendía que pasaba pero estaba más nervioso y avergonzado que antes volteé a un lado para no verla y me tope con la sonrisa pendeja del cumpleañero que me mostraba los dientes como señal de orgullo. Pretendí no hacerle caso y regresé a mirarla, ella que ahora se dedicaba a bailar y ha tomarme del hombro permanecía callada mientras que yo me esforzaba al máximo para no hacerla quedar mal frente a esos pocos que aún estaban y nos miraban. Permanecí callado un buen rato hasta que finalmente dije – “No pensé que durara tanto esta canción, ya me estoy cansando…”- Eliza inclinó la cabeza y mirándome con esos ojos chinitos respondió –“Si es que las canciones de este grupo duran mucho…” – yo solo atiné a asentir y a ensayar una de mis primeras sonrisas tontas mientras le di una vuelta al compás de la música para que no se percatara de que había perdido el ritmo y mientras yo retomaba el 1, 2, 3 volvimos a quedarnos en silencio ella bailando y yo tomándola de la cintura, una cintura dibujada cuya calidez quemaba en mis manos y me hacia más torpe de lo que ya era en ese momento. Preocupado por mis engarrotadas piernas, mi colorado rostro y mis acaloradas manos volví a quedarme en silencio, mucho silencio hubo hasta que ella dijo – “Ya me canse” – y me soltó el hombro y yo me aleje humeante de su cintura viéndola irse entre las sillas y preguntándome (a pesar de que lo dije muchas veces) por qué no me sentía cansado.
Nunca hable mucho con Eliza ni antes ni después de aquel baile, nunca le pregunté por qué bailo conmigo, por qué le gustaba jugar con mi nombre, por qué a veces me daba esa sensación extraña cuando se acercaba. Al año siguiente ella se cambio de colegio y volví a verla tan solo un par de veces y aún ahora solo por fotos, fotos que despiertan en mi un cariño inusitado… Que interesante es lo intrigante que llegan a ser algunas personas en tu vida, aquellas que te dejan con una duda, con un enigma, con una pregunta… ¿Bailamos?
Nota a pie de página 1: Si, si ultimamente estoy posteando muy tarde, perdonenme eso.
Nota a pie de página 2: Por ser semana de aniversario el prox. post sera el viernes 11 de junio. ¡Primer año!





