"Podria decirte que son historias, cuentos, relatos o simples anotaciones en un diario, pero la verdad es que solo a ti te corresponde la eleccion. Como en el amor y la vida... todo depende de ti..."
jueves, 11 de septiembre de 2014
Escritos de viento N° 20: Yo… el extraño (Post - 100)
martes, 31 de diciembre de 2013
Escritos de Viento N° 19: EXPERTOS EN MENTIR (Post - 93)
Soy un experto en descubrir mentiras, las anomalías me molestan por ello nunca he podido quedarme callado cuando algo no está bien, nunca he podido estar tranquilo cuando hay algo que no cuadra. Claramente las mentiras que más me intrigan y a las que más respondo son aquellas dadas por las personas que me importan, tan pocas como son es increíble que las digan y es más increíble aún que puedan creer que no me he dado cuenta. No soy solo yo, creo que todos en general tenemos esa secreta habilidad cuando la persona que las dice es tan cercana a nosotros. Cuando sabemos que nos mienten sentimos un hormigueo en los bordes del cuerpo, un hondo frío que recorre los hombros, los labios se resecan por un segundo y un no tan pequeño agujero comienza a formarse en la base del corazón.
domingo, 6 de enero de 2013
Escritos de Viento N° 18: TELMO (Post – 90)

Telmo cubre sus ojos con un pliego de la sabana cada vez que el sol de la mañana logra despertarlo. Y aunque en realidad esto no sea suficiente para volver a dormir, lo hace porque puede que esto sea un sueño y tal vez si cierra los ojos un poco más pueda encontrarse nuevamente flotando de espaldas en el mar con pequeños salpicones de agua salada en el pecho contemplando un cielo sin horario o vagando nuevamente por algunas calles sin color, sin preocupaciones, como si hubiera nacido en el camino, sintiendo como el viento le recuerda ciertas canciones que solía escuchar en su niñez que son los sueños más recurrentes o con los que Telmo disfruta más. No obstante esos anhelos por lo general terminan con la amarga sensación del despertar y la inamovible idea de cambiar su cama de lugar pensado en cómo puede tener en su dormitorio ventanas tan grandes.
martes, 10 de julio de 2012
Escritos de Viento N° 17: LEARNING TO BREATH (Post – 82)
domingo, 30 de octubre de 2011
Escritos de viento N° 16: QUINTO SHOT (post - 75)

Esta volverá a ser una de esas noches
en las que, en secreto, brindare para ti.
Una de esas noches en las que el
se cuela en mi cintura y en la yema de mis dedos
Donde deberían estar tus brazos y tu rostro…
Esta noche las copas de whisky tendrán un sabor distinto,
en esta noche ensayaré una de mis tantas excusas
para salir a tomar aire en el balcón y allí
mirando la ciudad a oscuras me preguntaré…
En cuál de aquellas luces tintinea tu silueta,
en cuál de esas ventanas se cuelga tu sonrisa.
Esta noche metido en la casa de unos amigos
contare historias fascinantes,
alzaré los hombros ante unas miradas seductoras,
reiré a carcajadas de unas cuantas bromas
y diré que estoy bien cuando me vean callado
y como sé que no insistirán seguiré estando triste
por mi falta de interés, por su poca preocupación
y pensaré una vez más si estas allí, si ya te conocí,
si todavía no lo hago. Me preguntaré exactamente ahora,
luego de tomarme el quinto shot ¿Dónde estarás?
y qué podrás estar haciendo esta noche tan de madrugada.
Hoy he vuelto a extrañar a alguien que no sé,
he vuelto a besar a una amiga,
a querer salir con alguien que me intriga.
Hoy he vuelto a extrañar a alguien que no conozco,
a abrirme la camisa, a tomar de más
A fumar aunque nunca le vi la gracia.
Hoy he vuelto a hacer las cosas que no hago
para ver si ahora las siento diferente…
Esta noche, al final, seré uno de los últimos que quedan
seré el que lleve a todas a los baños o a las camas,
seré uno de los que no estará inconsciente
y uno de los que duerma porque no habrá otra cosa por hacer…
seré el que reciba más abrazos, más “Te estimo”
más “Si no tuviera enamorado...”
“Ya lo sé” diré “Esta bien” diré…
y luego muy bajito para mis adentros me diré:
“Hoy he vuelto a extrañar a alguien que quise, a alguien que inventé
o a alguien que me gustaría conocer…
y son en las noches como esta; rodeado de licor,
de buenos amigos y de mujeres hermosas,
las noches en las que más me duele su ausencia…”
Nota a pie de página: Inflamable por ti...
viernes, 5 de agosto de 2011
Escritos de Viento Nº 15: TAXI DRIVER (post - 66)
“El frío de la noche parece calarme los dedos, los ojos y resecar mis labios… creo que, ya no debería salir tan tarde del trabajo…”
Es una helada noche de invierno en esta gran ciudad. Irremediablemente cada año lo es más, no son horas para que uno este deambulando por las aceras sin una taza de café caliente en las manos, pero vale, a veces el trabajo agobia. Aunque… admito que… tengo razones para no salir temprano.
No sé, pero hoy no tengo ánimos de dar ese largo paseo hasta la estación del tren que me llevara de regreso a mi apacible cama. Hace siete años, cuando lo hice por primera vez me pegunte cuando sería el día en que dejaría de viajar por tren de noche y bueno, por fin, me apetece que ese día sea hoy.
Cuando uno toma el tren la ciudad se ve interminable, sus casas, sus edificios todo parece alargado y apartado como la neblina en los viajes al interior, como un interminable carrete de película, en esos viajes me sentía como un hacendado contemplando sus vastas tierras. Sin embargo en esta pequeña caja en la que estoy todo se puede ver como en el lente de una lupa, puedo distinguir las puertas, las ventanas, alcanzo a esclarecer la mirada de las personas y yo, a diferencia de la imponencia del tren, parezco estar atrapado en el medio. Siento una novedad. Me agrada esa sencillez. Tal vez he descubierto un pequeño placer.
No soy muy sociable, sin embargo lo curioso es que a pesar de eso siempre, de alguna manera, me las arreglo para tener una conversación cordial con algún extraño. Mientras perdía la mirada en las hipnotizantes líneas blancas de la pista el hombre que iba manejando develó una voz grave y cansada con la que se dirigió a mi mirándome ligeramente por el retrovisor con unos ojos viejos – “¿Es ud. nuevo por aquí, amigo? Parece que le gusta la ciudad…” – Hacia mucho que no viajaba de esa forma y ya había olvidado que en algunas ocasiones el pago por la ruta venia acompañado por una conversación, en su mayoría de veces, amigable – “No, realmente no, pero sin duda el paisaje me parece algo distinto…” – “si, amigo…” – Ya había olvidado también la increíble capacidad que tiene un taxista para generar una conversación de la nada, es algo muy gracioso en verdad – “… yo llevo recorriendo estas calles por casi diez años y solo recién, hace ultimo han estrenado estas luces que se ven ahí en los postes, parecen especiales para la noche…esta todo muy bonito ¿no? Hace que el camino se vea diferente, como que más acogedor… - En efecto Juan Rivas llevaba taxeando casi ya diez años desde que lo despidieron de su antiguo trabajo en una empresa de calzado que ahora, curiosamente, se ha vuelto muy conocida. Sin embargo a pesar de ser despedido arbitrariamente no presento reclamo o queja alguna, simplemente le dijo a su familia que estaba bien que de todas formas ese trabajo nunca le gusto mucho y que si lo había tenido era para ayudar a la educación de sus dos hijos y cómo ellos ya eran mayores y profesionales en realidad no necesitaba más ese trabajo, mejor aún, les dijo que el despido llego a buena hora pues ya estaba tramando algún plan maquiavélico para burlarse de su jefe y originar así su despido con una de esas bromas que, según él, estaba seguro iban a recordar en la empresa por décadas.
A sus 55 años se podría decir que la vida de Juan Rivas era cómoda e inclusive placentera así que luego de tomarse unos merecidos meses de descanso decidió dedicarse al taxi pues como le dijo a su esposa siempre le había gustado viajar, pero como ya estaba viejo para esas cosas decidió que sería mejor hacer viajes cortos alrededor de la ciudad y conocerla por entero pues por su trabajo y sus obligaciones nunca tuvo la oportunidad de conocer todo Lima y siempre se bromeaba a si mismo diciendo que se había vuelto un turista en lima sin fecha limite de estadía.
Ahora a sus 64 años el taxista Juan Rivas se conoce todo Lima, en su frente luce unas canas plateadas que se escapan con descaro de su gorra negra, sus cejas también blancas enmarcan unos ojos claros y cansinos, las arrugas de su rostro hacen ver que sus gestos son mayormente alegres y su sonrisa bonachona combina perfectamente con un ceño que parece nunca haber sido fruncido. Su pequeño carrito amarillo he de decir fue uno de los más limpios que he visto, el aroma a lavanda que llenaba los asientos era casi tan impecable como su destreza para manejar un diminuto reproductor de DVD en el que escuchaba su música favorita la cual me hacia remontar a mi niñez. Luego de platicar amenamente el resto del camino me despedí de él cordialmente, mientras esbozaba una amable sonrisa, como se tiene que hacer con los extraños que haz de conocer solo una vez y que te dejan una grata sensación de amistad en la mirada.
Mientras sus luces traseras terminaban de doblar la calle no pude evitar pensar que tal vez hay personas que viven una vida plena y feliz sin necesidad de aspirar nada más allá que su propia rutina, tal vez la vida nos acostumbra tanto a nosotros mismos que se nos hace difícil cambiar y claro a veces estamos tan concentrados en obtener lo que nos proponemos tan deprisa que se nos pasa por alto la idea de la espera, el tenerlo todo, el conseguirlo todo nos abruma. Tal vez cuando los sueños son de verdad, cuando los sentires son reales las cosas como el tiempo ya dejan de importar, cuando hay algo más importante. Lo más claro que tengo es que durante y al final de la vida, lo tengo por seguro, siempre descubriremos aquello que nos apasione hacer, así como el momento justo para hacerlo y disfrutarlo… ¿La espera… podría ser una forma de felicidad?
Nota a pie de página: Storyteller?
domingo, 3 de julio de 2011
Escritos de Viento Nº 14: ¿Voy siempre tan dormido…? (Post – 63)

Soy como un niño alejado de sus juguetes, estos meses, se podría decir que he vivido alejado de todo lo que era yo. Mas que de las personas que conocía, de los lugares que frecuentaba o de las cosas que hacia; permanecí alejado de mi forma de tratarlas.
No se quizá perdí las ganas de ser yo, perdí las ganas de ganar de la manera en que lo hacia. Quizá la felicidad enluta mis palabras (Como ya suponía). De todos modos estos días caí a tierra.
Salí expedido de mi propia nave de forma natural, sin averías, sin escapes de emergencia. Fuera de mi propio universo he de decir que la atmósfera impacta, que sentirse dentro de ella impresiona más que el solo apreciarla. La gravedad se siente más pesada que en los libros y el aire es más liviano, más dulce y más refrescante de lo que había pretendido. Más buenas que malas razonas para seguir adelante.
Nunca he sido yo mismo siempre ni en mis interminables cavilaciones por el espacio de mis dudas, ni en la estrecha, luminosa e interminable vía Láctea de mis sueños. La idea de un solo yo siempre me molesta (Como aquellas estrellas que en mis viajes siempre golpean mi cabeza) me agrada más desdoblar mi personalidad, algunos momentos ser de una manera y en otros, otra. Me resulta(o) mucho más interesante. Sin embargo, mis juegos de niño se han apoderado de mi y ahora son parte de lo que soy. No creo que este bien, sé que será muy difícil llevar bien cualquier relación conmigo… pero eso es lo que me agrada, esa dificultad… lo prefiero así. Me agrada y me gusta mucho ser así… aunque al final me lastime, aunque al final lastime.
“Yo tengo la culpa”... En el fondo siempre me ha parecido más fácil que echarle la culpa a otro ¿Será por qué así puedo decir?: Yo soy de esta manera y no hay nada que pueda o quisiera hacer en contra de ello”. No, a decir verdad, ese nunca ha sido mi estilo. Es solo que a veces para algunas cosas soy muy vago aunque nunca sepa cual ni por cuanto tiempo…
No soy de fiar. Soy carismático, influyente, conversador y atrayente solo cuando me nace serlo. Soy callado, impreciso y desganado porque me encanta serlo. Soy terco y obstinado cuando no consigo lo que quiero (Lo bueno es que eso no sucede todo el tiempo). Cuando pienso en el pasado, cuando estoy triste o melancólico soy romántico. Soy como un niño… travieso, ocurrente y emocionado cuando estoy feliz.
Un niño con ganas de abrazar, de jugar, de besar. Con ganas de tomar tu mano y cruzar la calle contigo.
No soy confiable. No tengo una conducta estable para cada situación, no tengo idea de cómo reaccionare, no me importa averiguarlo tampoco, me sabotearía a mi mismo. Mientras doy mis primeros pasos esta realidad me parece desconocida, temeroso creo ver lo que me fascina pintado en el camino, todo me parece lejanamente familiar, tal vez este viendo el escenario de un sueño que tuve alguna vez. El verdor de los campos, lo celeste-blanquecino del cielo, la sensación del agua en mis manos; las memorias de un firmamento mezclado se combinan con las imágenes a mi alrededor y miles de ideas vuelan por mi mente haciéndome pensar y preguntarme… ¿Voy siempre tan dormido? ¿Por qué todo me resulta tan familiar y tan desconocido? Tal vez en las noches, antes de dormir, cerraba los ojos contemplando al mundo que deje abajo. El espacio es un buen manto, unas buenas sabanas, pero nada más. Sus talentos solo pueden opacar mi mirada.
Las emociones que tuve en esa nave fueron tan intensas, tras la luna todo era tan vivido, es difícil creer que ahora lo son más. No soy seguro, no tengo un solo momento de paz, tengo demasiados. Tengo muchas sensaciones de felicidad, pero aún busco más. Tengo tantos preciados sentimientos, pero soy egoísta… “Quiero tenerlo todo”. Soy alucinado… “Quiero hacerlo todo”. Soy un adolescente aprendiendo a ser adulto… “Aun no sé muy bien cómo hacerlo”. Soy un niño aprendiendo a entender que lo que todo adulto quiere es volver a ser niño… y yo tan solo ahora me pregunto ¿Dónde estarán mis juguetes…?
Nota a pie de página: Hay tanto de que hablar... y hay tanto tiempo...
martes, 9 de noviembre de 2010
Escritos de viento Nº 13: AVENTURAS HOGAREÑAS (post – 54)
Hoy es uno de aquellos días en los que el dpa parece un pelotón de fusilamiento y vivir solo no parece tampoco la mejor idea. Hoy la floja primavera despierta con las sabanas pegadas a la cama y no se le ocurre mejor manera de empezar la mañana que darle de empujones al sol que a tumbos y a regañadientes avienta, encabronado, rayos de luz y calor que perforan con maldad al cúmulo de nubes presumidas que habían estado invadiendo los cielos estos días. Fusilazos de calor que hacen guardar los abrigos, que vuelven a los niños más inquietos y que hacen salir de sus guaridas a la comparsa de heladeros que poco a poco, y empujando sus carritos, comienzan a apoderarse de las calles de Lima “La calurosa”. Por mi parte, aquellos balazos de luz atraviesan mis nada corpulentas cortinas azules abordando mi cama como pequeños piratas luminosos que en cuestión de minutos calientan mi frazada de tal manera que me es imposible dormir a gusto. Algo malhumorado, doy un par de vueltas para alejar esa sensación de calor de mi cama, serpenteo largo rato entre los pliegues de mis sabanas para recobrar algo de frescura pero mi intento es (lastimosamente) inútil. Malgeniado ya, voy siento como si un millón de hormiguitas bucaneras comenzaran a recorrerme todo el cuerpo. Luego de imaginarme a mi mismo (con algo de ironía) en un traje de Gulliver termino por levantarme. No antes, claro, de lanzar una pataleta y soltar unas cuantas maldiciones.
Al mediodía no quedan muchas ganas de hacer un desayuno. Espero mejor a cocinar un buen almuerzo. Teniendo eso en mente, después de buscar un par de medias y desenredarme un poco el cabello me acerco al repostero a por un par de frutas que puedan engañar a mi estomago un par de horas hasta que termine de acomodar (por lo menos un poco), lavar (por lo menos algo) y cocinar (lo que haya que cocinar). Como dije antes; luego de ver el desorden de los cuartos, la sarta de platos sucios apiñados en el lavabo y las pequeñas cosas que faltaban por comprar; pienso que en momentos como este vivir solo no parece la mejor idea.
Yo creo que tiene que ver más con una sensación de comodidad que con un espíritu exhibicionista, pero cada vez que me enfrento a este tipo de cosas me gusta hacerlo algo “ligero” de ropa. Así que dejando mi polo blanco para dormir a un lado (colgado en la silla) paso a terminar mi “ritual” previo de limpieza doméstica alistando un poco de música para darle algo de cadencia y ritmo a mis aventuras hogareñas.
Acomodar el dpa mayormente significa guardar todas las ropas que tengo regadas por ahí, digamos que siento el dpa tan mío que se me suelen deslizar un par de prendas alrededor que parecen afianzar y remarcar mi basto territorio. Mientras las llevo de nuevo a mi cómoda no puedo evitar pensar que un artista siempre es algo desordenado, aunque al final acabo por reírme de mi propio cinismo. Es una excusa graciosa y muy poco creíble en verdad. Luego de tener el dpa un poco más apreciable a la vista me dispongo, algo resignado, a lavar y restregar el montón de platos y ollas que hay en la cocina. A mitad de la pericia un chorro de agua salta y me cae en el pecho haciéndome pegar un brinco tan rápido que me hace pensar por un momento si tengo reflejos felinos aunque lo más probable es que solo tenga su recelo por el agua helada. No obstante luego de ese sorpresivo caño de agua fría encuentro su rencor muy comprensible.
Finalmente, más de una hora después, empiezo a cocinar. Habiendo pasado ya por tales empresas no me quedan muchas ganas de darme otro gran trajín, así que pienso en cocinar algo sencillo. Un estofado o un pequeño guiso estarían bien. Con el arroz ya hirviendo me tomo un tiempo para descansar y elegir cual de los dos cocinar, en ese momento, una de mis canciones favoritas hace su aparición en mi reproducción aleatoria haciéndome coger la guitarra ensalzándome por unos minutos con el estribillo. Al culminar otra de mis canciones favoritas me conmina a continuar haciendo la segunda voz y a mover armoniosamente mi desaceitada cadera. Ya estaba por entrar en la relajación total si no fuera por un disimulado humo blanco y un tibio pero profundo olor a cigarro que comenzaba a propagarse en el cuarto. En un instante mi olvidadiza cabeza hace memoria figurando en mi mente la imagen de una olla negra y mi boca cambia la voz de mando de carreras de un encuadrado “¡En sus marcas, listos, ya!” por un sonoro “Mierda, se me quema el arroz…” Y en efecto, al llegar a la cocina una de las hornillas parece estar alimentando la rabia de un volcán que amenazaba con estampar en las paredes la más funesta erupción de arroz negro que jamás haya visto. En menos de dos pasos, con una velocidad verdaderamente sobrehumana cojo de las asas al volcán y le lleno la boca de pura agua antes de que estalle o de que siquiera me queme las manos. (Una vez más pienso si tengo reflejos felinos o si tan solo me dará alzehimer de viejo)
Despotricado ya como me encontraba, algo salado o sin mucha suerte este día quizá opto mejor por una preparación algo más amistosa, me sugiero a mi mismo la compañía de unos fideos que tiene una elaboración mucho más amable y sobretodo menos riesgosa. A punto de estar al dente pincho unos cuantos flacos para saber que tan bien van. Descuidado asomo los chorreantes fideos a mi boca sin percatarme que una traviesa gota bailaba por allí no ocurriéndosele mejor diablura que caerme en la punta de la lengua encrespándome el rostro, haciéndome vociferar unas blasfemias muy poco entendibles debido al brusco entumecimiento de mi lengua que no me permitía conjugar palabras como era debido. Teniendo el torso impregnado de un sabor a pasta y la lengua algo resentida me quedo pensando, mientras mastico con cuidado, en si de verdad tuve mala suerte o si solo hice esas cosas a propósito porque las creía divertidas. A veces es muy difícil buscar cosas de las que reírse, a veces es muy difícil hacer reír a alguien triste. Siempre es difícil convencerse a uno mismo de reír. Yo creo que siempre es lo mejor que uno puede hacer, aunque al principio cueste hacerlo.
Nota a pie de página: ¿Alguien sabe como lavar una olla completamente quemada?


