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sábado, 15 de diciembre de 2012

Escritos de Tierra N° 16: UN VIEJO FRAGMENTO (Post - 88)


“Hay algo que nunca debes hacer, después de eso todo puede estar permitido”. Es una regla muy sencilla para mí. Mi padre solía decirla todo el tiempo. “Debes tener cuidado, si no vives tu vida adecuadamente terminarás siendo la vaga inspiración para algún tonto escritor de mediano calibre como yo y créeme hijo que no hay nada más jodido en este mundo que ser la gran historia de una persona que nunca llegó a serlo.” No podría asegurar que ahora a mis 23 años entienda por completo el significado de esas palabras así como tampoco entendí la necesidad de decírmelas desde los 10. Supongo que mi padre siempre fue una de esas personas a las que les gusta hablar a media espuela  dejando lo más importante de la vida en el tintero para ver si alguien se anima a preguntar o a descubrirlo. Desafortunadamente para mi gracias a eso sé que me he vuelto una persona muy (demasiado) curiosa.

Ahora bien ¿Qué significaba lo adecuado para él, que lo es todo? Estamos hablando de una persona que no me regañaba cuando llegaba a las 3 de la madrugada a la casa pero que podía castigarme una semana entera cuando no ayudaba a mi hermana con la tarea. “No me importa que quieras destruirte a ti mismo privándote del sueño o tomando demás – decía -  después de todo es parte de tu adolescencia. Pero ayudar a la familia o a los demás en problemas es parte de ser hombre y esas faltas si no te las voy a pasar…” – Bah, menudo tío el que había resultado ser mi viejo. Bastante difícil de entender. Tal vez por eso soy muy tolerante  con las personas.

En la cabecera de su cama el respaldar era como una pequeña estantería ahí había una hilera de libros que siempre tuve curiosidad de leer, mi padre nunca pareció una persona  que tuviera tal hábito y en sus conversaciones nunca le escuchaba decir “Según… o, como dijo…”. Una noche cuando tenía 9 y él no estaba cerré la puerta del cuarto con llave y me abalancé sobre los libros sin titubear. Indescifrable sorpresa. Tenía libros con menos de la mitad de páginas en blanco, escritas a mano, algunas con hojas ya muy viejas. Tenía razón sobre el hábito – me dije – mi viejo no lee, escribe. Creo que desde ese día comencé a respetarlo. Como era de esperarse cada que podía me escabullía al lado de la cama para leer sus historias, pienso que si mi viejo hubiera tenido la constancia suficiente hubiera sido un gran escritor, pero él nunca pudo terminar sus historias. Quizá el trabajo lo cansó, quizá la vida le distrajo, que sé yo, de hecho nunca fue una persona muy constante, era algo olvidadiza con la mayoría de cosas, tenía la tez de siempre estar viendo algo con un semblante de tristeza y cuando le sorprendías ensaya o hacía algo tonto para hacer parecer que estaba perdiendo el tiempo. Soñando despierto le llaman.

Lo que nunca hizo mi padre fue llorar frente a nosotros aun cuando mi madre falleció, después de eso todo nos estaba permitido. Las primeras veces que yo, Katia y Almudena preguntábamos por ella no se rehusó a contestar, cuando quisimos verla nos llevó al lugar donde estaba enterrada inclusive nos mostraba fotos y grabaciones de ella. Cuando Katia cumplió 15 y Almudena tenía 13 mi viejo les regalo unos dijes que usaba mama de cuando ella era joven ¿Cómo los consiguió? Probablemente ya tenía pensado dárselos desde que hace mucho lo que me sorprendió fue el hecho de que los haya podido guardar hasta ese momento con lo descuidado que era pero para esas cosas siempre fue un papa genial, siempre tenía la habilidad de sorprendernos.

“Sabes hijo – una de nuestras últimas conversaciones – Un hombre siempre debe proteger a los suyos y proteger lo que otras personas valoran también…”. Que les digo, mi viejo a veces tenía la facilidad de sacarse una líneas esas de película en pleno fraseo, sobre todo cuando las sentía. Los meses que no pasan en vano me dan una buena oportunidad para reunirme con él y mis hermanas. Todo irá por mi cuenta esta vez, pero esta bien, el dinero nunca es importante en estos casos ¿Me pregunto que sería bueno para comer hoy? Quizá después podamos ir al cine o sólo regresar y ver una película en casa.

sábado, 27 de junio de 2009

Tinta Tercera: ELEMENTOS

Ayer me aunaba cansado, explayado totalmente en mi cama acostumbrada deslicé la pluma a un lado, incliné ligeramente el cuerpo y tome las hojas como almohada. Sin reclamación alguna me quedé dormido.

Desperté dos horas después, como era de esperarse secuencialmente emocionado. Primero relajado (¡¡ah, que bien dormí!!) luego inquietado (mmm? La sabana esta muy dura, además suena a papel) después resignado (¡ay con un xarajo eran hojas nuevas!) y finalmente enojado (tenia que escribir lo del post…) – y acabo de “dormirme” ese tiempo – solo tenia un verso en letra completa y otra que paulatinamente se iba convirtiendo en contorneadas líneas onduladas.


- ¿Bueno y ahora qué? Ya no tengo tiempo - Y es que son tantas las palabras que deambulan por mi mente que a veces suelen chocar unas con otras haciendo mi tarea más trabajosa aún (alguien ha dado RCP antes, no es nada fácil) así que para socorro mió y de tanto herido he tomado la decisión de ubicar a cada uno con nombres distintos. Es difícil clasificar tus emociones, los sentimientos no se dejan empadronan tan fácil, pero he acordado con ellos que para fines del blog haremos un esfuerzo y cada uno viajará a cinco diferentes lazos.

El primer nudo en estos ha sido llamado “escritos de viento” que hablaran de cambios, de aventuras, de días y caminos, todo aquello que me mueva y que sea impredecible. Los siguientes son los “escritos de mar” que jugaran a orillas de mi filosofía, de mi silencio, mi tranquilidad y mi nostalgia. Luego vendrán los “escritos de tierra” que emanarán del nacer, de un comenzar, de la estabilidad; sin embargo también expiaran la rigidez, la aridad y la dureza que me toque vivir. Y finalmente estarán los “escritos de fuego” que avivarán la intensidad, la pasión, la vehemencia; aquello que llegue a sofocar mi respiración.


El tratado ya estaba casi listo, mi firma y mi sello yacían estampados en el papel pero ellos no se acercaban. Tenían una petición que hacerme. Querían un nudo más, querían un lugar donde recitar su ilusión, sus esperanzas, sus tristezas, su amor (y yo lo olvidé) el más humilde de ellos se acercó a mí y lo confesó con la temerosa reverencia de una mirada inclinada. Baje mis ojos, baje la voz y asentí ligeramente con la cabeza. No tenía palabras. Me sentía influido y admirado y juré a mis adentros que siempre sería su cómplice. Y así se pactó el último de los cinco nudos los “escritos de ensoñación” donde son libres de vivir y sentir si así lo desean. Lo que menos quiero es limitar su emoción.

Ambos sellos y ambas firmas se encontraban ahora secando en el papel, cada nudo, cada tema, cada elemento estaba ya dispuesto y así nos encontrábamos también nosotros, al final de las primeras tintas y a punto de abordar los escritos me detuve y los contemplé tras de mí…
– No se preocupen – les dije – prometo no quedarme otra vez dormido…


Nota a pie de pagina: por consejo e ideas mias en este post y los siguientes reduciré lineas pues algunos sugieren que "al lector le cansa leer tanto"... ¿sera verdad? si no me ajusto a tal intromisón regresaré a escribir cuanta letra salga de mis dedos.