lunes, 11 de julio de 2011

Escritos de Fuego N° 12: PARA DORMIR CONTIGO… (post - 64)




Hay un ligero aire que se cuela entre las sabanas. Danzando, se entromete entre los pliegues del cobertor rasguñando con su helado nimbito mi hombro. Siempre he sido un hombre de sueños ligeros y ante ese descuido me despierto. Tímidamente restriego mi mano sobre mi piel y siento su sequedad, siento frio y con los ojos entreabiertos me cubro nuevamente el cuerpo. Con los ojos entreabiertos veo que estas aún más destapada que yo – Quedamente murmullo – “De seguro has de estar helada y tu ni te mueves…” – Pienso somnoliento – “Además de los ronquidos al parecer también tienes el sueño más pesado que yo…”



Inevitablemente aclaro mis ojos, mi mirada perezosa se detiene en tu cuerpo. En tu desnudez. Eres tan avergonzada cuando quiero contemplar tu cuerpo desnudo que estar mirándote así ahora me parece algo prohibido. Sonrío. Sonrío y recuerdo que hace solo unas horas nos hacíamos el amor como locos. Tú me excitas mucho. A pesar de tener sueño, de estar cansado y de ya haber estado contigo esta noche aún quiero seguir haciéndote el amor. Pero sería complicado (¿injusto?) despertarte ahora solo para satisfacer mis ganas, sobretodo cuando te ves tan hermosa así dormida. Lentamente me acerco a ti, te doy un suave beso en la mejilla y subo las sabanas de nuevo desde tu cintura hasta tus hombros… No quiero que te resfríes. Ya ves, y tú que crees que no te amo, que solo estoy contigo porque eres increíblemente atractiva, si pudieras verme ahora…



Luego de dar una última espiada a tus piernas, tu sexo, tu cintura, tus senos y tu espalda me acurruco frente a ti, te escucho respirar (roncar) te veo el cabello desarreglado y el rostro sin maquillaje; veo tus lunares, las manchas pequeñas y rojizas de tu piel, tus arrugas incipientes. Cuando estás dormida observo todo lo que en ti considerarías imperfecto, lo observo todo y creo, pienso y siento… que eres hermosa.


No puedo resistir. Voluntariamente claudico ante el aroma de tu cuello, abdico en la calidez de tu espalda, me rindo ante lo sublime maravilloso de tus senos. Te abrazo… amenazando tus ojos cerrados. Me pego a ti… incitando tu despertar.



Que misteriosa es la naturaleza humana, la pasión de sus cuerpos, el suave caudal de su amor que nos lleva siempre por el mismo camino, nos encierra, nos ahoga, nos eterniza. No sé si seguías dormida, si despertaste por un instante, si tu cuerpo realizo lo que soñabas, si solo fue un reflejo… pero te toqué, te toqué y al hacerlo tu volteaste hacia mí y me abrazaste el pecho, con tus piernas entrelazaste las mías encajando tu rostro perfectamente entre mi hombro y mi mejilla.



Llegaste a mí. Te abracé delicadamente y me quede contemplando el vacio, buscando en su inmensidad lo que busco, lo que puedo ser… sin necesitar respuestas me quede dormido… Sé que no te lo he dicho, pero… Te amo por la inmensa paz de ese momento.



“Para dormir contigo, para sentir tu calor, para amarte más debo primero ser feliz conmigo mismo, conocer lo mejor antes de adorar lo extraordinario…”. Bonita, espero que en la mañana todavía sigas aferrada a mí… para dormir contigo hasta que llegue la tarde…



Nota a pie de pagina: Que bueno es dormir toda la tarde...



domingo, 3 de julio de 2011

Escritos de Viento Nº 14: ¿Voy siempre tan dormido…? (Post – 63)

Soy como un niño alejado de sus juguetes, estos meses, se podría decir que he vivido alejado de todo lo que era yo. Mas que de las personas que conocía, de los lugares que frecuentaba o de las cosas que hacia; permanecí alejado de mi forma de tratarlas.


No se quizá perdí las ganas de ser yo, perdí las ganas de ganar de la manera en que lo hacia. Quizá la felicidad enluta mis palabras (Como ya suponía). De todos modos estos días caí a tierra.

Salí expedido de mi propia nave de forma natural, sin averías, sin escapes de emergencia. Fuera de mi propio universo he de decir que la atmósfera impacta, que sentirse dentro de ella impresiona más que el solo apreciarla. La gravedad se siente más pesada que en los libros y el aire es más liviano, más dulce y más refrescante de lo que había pretendido. Más buenas que malas razonas para seguir adelante.

Nunca he sido yo mismo siempre ni en mis interminables cavilaciones por el espacio de mis dudas, ni en la estrecha, luminosa e interminable vía Láctea de mis sueños. La idea de un solo yo siempre me molesta (Como aquellas estrellas que en mis viajes siempre golpean mi cabeza) me agrada más desdoblar mi personalidad, algunos momentos ser de una manera y en otros, otra. Me resulta(o) mucho más interesante. Sin embargo, mis juegos de niño se han apoderado de mi y ahora son parte de lo que soy. No creo que este bien, sé que será muy difícil llevar bien cualquier relación conmigo… pero eso es lo que me agrada, esa dificultad… lo prefiero así. Me agrada y me gusta mucho ser así… aunque al final me lastime, aunque al final lastime.

“Yo tengo la culpa”... En el fondo siempre me ha parecido más fácil que echarle la culpa a otro ¿Será por qué así puedo decir?: Yo soy de esta manera y no hay nada que pueda o quisiera hacer en contra de ello”. No, a decir verdad, ese nunca ha sido mi estilo. Es solo que a veces para algunas cosas soy muy vago aunque nunca sepa cual ni por cuanto tiempo…

No soy de fiar. Soy carismático, influyente, conversador y atrayente solo cuando me nace serlo. Soy callado, impreciso y desganado porque me encanta serlo. Soy terco y obstinado cuando no consigo lo que quiero (Lo bueno es que eso no sucede todo el tiempo). Cuando pienso en el pasado, cuando estoy triste o melancólico soy romántico. Soy como un niño… travieso, ocurrente y emocionado cuando estoy feliz.

Un niño con ganas de abrazar, de jugar, de besar. Con ganas de tomar tu mano y cruzar la calle contigo.

No soy confiable. No tengo una conducta estable para cada situación, no tengo idea de cómo reaccionare, no me importa averiguarlo tampoco, me sabotearía a mi mismo. Mientras doy mis primeros pasos esta realidad me parece desconocida, temeroso creo ver lo que me fascina pintado en el camino, todo me parece lejanamente familiar, tal vez este viendo el escenario de un sueño que tuve alguna vez. El verdor de los campos, lo celeste-blanquecino del cielo, la sensación del agua en mis manos; las memorias de un firmamento mezclado se combinan con las imágenes a mi alrededor y miles de ideas vuelan por mi mente haciéndome pensar y preguntarme… ¿Voy siempre tan dormido? ¿Por qué todo me resulta tan familiar y tan desconocido? Tal vez en las noches, antes de dormir, cerraba los ojos contemplando al mundo que deje abajo. El espacio es un buen manto, unas buenas sabanas, pero nada más. Sus talentos solo pueden opacar mi mirada.

Las emociones que tuve en esa nave fueron tan intensas, tras la luna todo era tan vivido, es difícil creer que ahora lo son más. No soy seguro, no tengo un solo momento de paz, tengo demasiados. Tengo muchas sensaciones de felicidad, pero aún busco más. Tengo tantos preciados sentimientos, pero soy egoísta… “Quiero tenerlo todo”. Soy alucinado… “Quiero hacerlo todo”. Soy un adolescente aprendiendo a ser adulto… “Aun no sé muy bien cómo hacerlo”. Soy un niño aprendiendo a entender que lo que todo adulto quiere es volver a ser niño… y yo tan solo ahora me pregunto ¿Dónde estarán mis juguetes…?


Nota a pie de página: Hay tanto de que hablar... y hay tanto tiempo...


sábado, 14 de mayo de 2011

Tinta Séptima: UNA SEÑAL DE CUIDADO (post – 62)





“No soy perfecto. Aún sigo viviendo tratando de no lastimar a nadie. Aún hago las cosas deseando la felicidad. Soy egoísta. Aún quiero complacer a todos. Aún busco ********** ** **…”


Como parece, las cosas nunca han sido como al final quiere uno que sean, la mañana en la que planeas levantarte esperando hacer todas las cosas que tienes pendiente hacer, es la mañana en la que más cansado y con la que más flojera te levantas (si es que llegas a hacerlo). La ultima oportunidad para aprobar ese examen que puede salvar tu agonizante camino hacia el examen de aplazados o a repetir el curso, es el día en el que reniegas completamente de todo, en el que rebates la existencia de tu clase, tu escuela, tu universidad, de ti mismo y por supuesto de ese triste incompetente (la mayoría de veces) al que te toca decirle “profesor”. En ese momento crees que todo el significado de tu existencia se decide en si estudias o no para ese examen porque sencillamente no tienes ganas de darle viada a esa larga rueda del sistema académico del que (solo por ese día y solo en ese momento) ya estas harto solo para pasar un mísero curso que no demuestra en lo absoluto tu capacidad intelectual (argumentas tu) ni tu manera competente o no de solucionar los problemas de tu vida.


Finalmente cuando tratas de agradar a alguien, de preocuparte o de ayudarle en sus escabrosos conflictos emocionales con el único objetivo de hacerle sentir mejor y demostrar lo mucho que te puede importar no caes en la cuenta de que esa persona podría enamorarse de ti, no obstante a veces hacemos todo eso esperando que ese alguien se fije en nosotros y se enamore de nuestra presencia, de nuestro inamovible deseo de verla feliz. Sin imaginar, envueltos en una total ingenuidad, que eso ya es absolutamente imposible ¿Por qué? No lo sé, porque hay personas que simplemente van a regresar siempre al origen de todos sus males con una impulsividad suicida y una convicción que sinceramente es sorprendente. Aunque nos duela aceptarlo. ¿Entonces? ¿Qué pasó? ¿Qué hago ahora? Nada, solo cierra la boca y sécate los ojos, no es tu culpa ni lo uno ni lo otro, ni el primero ni el segundo pues como dije antes las cosas nunca han sido como uno al final espera que sean.


Quizá renunciar a tenerlo todo y ya no esperar por finales enteramente felices sea obtener poco a poco esa inverosímil e intangible prenda que solemos llamar madurez. Es una pena, pero, que a veces esa escurridiza madurez lleve más de tristeza que de felicidad. Es una pena ver a una virgen que llora, una niña con los ojos rojos aprendiendo a controlar su llanto, a no dejarse abrazar… a reprochar su inocencia. Es una pena ver como las personas cambian y estar ahí para notar el cambio y lo mucho que nos pueden herir así y lo mucho que podemos aferrarnos a su recuerdo. El principio de una mirada a los confines de un alma blanca ahora resquebrajada. Hay una señal de cuidado en todos nosotros, una señal que no se ve, que escondemos muy bien, que nos cuesta develar, una herida en nuestro costado tan honda y tan fuerte que al leve contacto podría hacernos morir.


Las cosas no siempre son como uno desea que sean y alrededor de las luces, las personas y los anuncios a todo color van caminando unas niñas con frías sonrisas, un hombre a saco y corbata, una mujer apresurada… corazones en reparación… todos nosotros en ellos… un corazón con señal de cuidado que nos prohíbe y nos previene de entrar en una zona tan intima y tan personal que al tratar de curarla sus heridas podrían reaparecer en nuestro cuerpo. Heridas símbolos de malos recuerdos, de esperanzas perdidas, de tantas cosas que vivimos y no entendemos. ¿Y yo? ¿Qué podría hacer? ¿Cómo podría ayudarte? Cuando acompañarte me parece tan poco, cuando no soy capaz de sanar tu dolor en un instante, cuando todo lo que te pueda decir ya te lo has dicho tú entre sollozos, cuando solo puedo escribir, cuando solo puedo esperar… una señal de cuidado. Cuidado con las cosas que pueda hacer, con lo que quiero (sienta) decir, con la forma de poder ayudarte. ¿Mi manera de acompañarte bastará…?


Las cosas no siempre son como uno quiere que sean. Siendo así… ¿Qué puedo hacer yo para cambiarlo… para seguir adelante…?


Nota a pie de página: Ahora los post se colgaran cada sabado exceptuando el ultimo de cada mes, como siempre.


domingo, 1 de mayo de 2011

Tinta Sexta: ¿TU RESPIRAS…? (post – 61)

Cuando no hay nadie más a mi alrededor, cuando voy caminando por las aceras de la ciudad escuchando la música que me gusta, cuando converso con aquellas personas que considero cercanas, cuando estoy cansado y quiero irme a dormir, cuando me acerco para besar a alguien, cuando paso toda la tarde solo, cuando la paso con alguien que quiero, cuando siento en mis manos vacías un ligero cosquilleo de aprehensión, cuando canto, cuando escribo, cuando sueño, cuando anhelo, cuando creo… cuando siento… Yo, respiro.



Cuando el trafico de la ciudad hace que mi aparente ventaja al reloj se reduzca de una manera indeteniblemente trágica y no tengo más remedio que bajar del carro para recuperar los minutos en una larga corrida de contemplaciones homéricas hasta mi asiento en el salón de clases… Yo… respiro fuertemente, agitadamente mis músculos se comienzan a tensar, las palpitaciones de mi corazón aceleran la marcha y luego de llegar a mi límite mi cuerpo sigue en movimiento empujado solo por la ingeniería perfecta de mi orgullo y mi terquedad. Al final, un delicado e intenso hormigueo en mis manos me da la impresión de haber aprendido algo. Cuando se trata de correr… tal vez las personas no tienen límites.


Cuando canto mi voz se desdobla de una manera fascinante, los sonidos a mi alrededor retraen ecos de voces que no precisamente se parecen a la mía normalmente y es que en esos livianos instantes de profundidad puedo volver a ser quien yo quiera, puedo envalentonarme con las melodías que rodean mi respiración y en la inspiraron de mis suspiros y la expansión de mis pulmones encuentro nuevas formas y figuras para sentirme vivo. Buscando en mi diafragma unos gritos entonados me topo con las nuevas formulas de mi felicidad y una vez más yo, respiro… respiro solo para exhalar y volver a respirar bocanadas de aire comprimido con mis propias dudas las que solo cuando canto tienen sentido o por lo menos pierden su importancia. Cuando yo respiro, lo hago para relajarme y cuando se trata de eso tal vez las personas no deberían tener limites…


Cuando te extraño, cuando no te veo llegar, cuando la lluvia que cae en mi me parece cada vez más pesada, cuando desconfío, cuando no creo del todo en lo que siento, cuando solo la soledad hace que regreses conmigo, cuando reduces todo lo que vivimos y prefieres entregarte a tus miedos, cuando a pesar de todo no puedes confiar en ti, cuando tomo la decisión más madura solo para darme cuenta luego de que estoy equivocado. Cuando me invade la necesidad de desearte lo mejor pero no estas aquí, cuando te alejas de mi. Cuando tengo miedo pierdo mi tranquilidad y me es difícil respirar, cuando a pesar de todo lo que puedo hacer no puedo hacer sentir mejor a una persona, cuando lo hecho todo a perder. Cuando me siento incompetente ante el mundo, ante mis confusiones mi respiración se entrecorta, todas las emociones regresan de mis manos y se agolpan dentro de mi pecho dejándome sin aire, bloqueando el obtenerlo.


Cuando no puedo respirar me vuelvo triste, solitario, distante. Cuando logro ser muchas personas en mis cosas mi respiración oscila en la crónica y placentera agonía de un respiro sofocado.



Cuando no puedo respirar me aferro a una boya de tinta para no ahogarme en un mar de canciones con notas de blues. Para respirar bajo el agua tan solo tengo que decidir hacerlo porque muy adentro de mi mismo sé que es la mejor decisión que podría tomar en cualquier momento y quisiera seguir respirando porque me agrada hacerlo y por más que sean pretensiones masoquistas admitir que también me agrada sentir esa opresión en el pecho y esa tensión en los músculos cuando me privo de todo aire sé muy bien que no busco lastimarme tan solo busco un poco de realidad algo que pueda servir para reanimar mis pulmones, algo que me haga sentirme bien, sentirme vivo.


Cuando yo respiro todo es bueno a mi alrededor, el aire atraviesa cada poro de mi piel y soy capaz de hacer todo y crearlo si no existe. Ahora en estos días yo solo quiero respirar tranquilamente. He estado de viaje por tanto tiempo que me gustaría mucho tomarme unos días para descansar, para vivir calmadamente, para hablar relajado, para reírme de cosas cotidianas, para practicar un aprehender más sencillo, más humano… con toda la debilidad que eso implique. Si yo respiro y me encanta hacerlo me pregunto qué otras cosas más me gustaran, me pregunto qué será de ti… que podrías decirme tú… dime… ¿Tú, respiras?...



Nota a pie de págima: Volvi... por mi... por las dos mil visitas... por mucho más...