martes, 10 de julio de 2012

Escritos de Viento N° 17: LEARNING TO BREATH (Post – 82)


Con el miedo en la punta de los dedos. El corazón latiendo contra el pecho y la boca completamente seca. La temible emoción que te da el sentirte vivo. Sentir el  temor de los que respiran al límite.

El viento del cielo entrando en mis pulmones de golpe, sus ráfagas pondrán llorosos mis ojos o los mantendrán entreabiertos. Gritaré durante todo el vuelo o encontraré por fin el lugar al que pertenezco. Tengo un terrible miedo a las alturas, quizá vomite, lloré o me desmaye pero tal vez, solo tal vez, surcar los cielos de esta ciudad en parapente sea la experiencia que cambie por completo mi forma de ver la vida.

Desde que era niño siempre anhele esto. He escuchado que te duele la cintura, que la postura es algo incomoda y el bamboleo lo es aún más, pero una vez más ir a toda velocidad, sintiendo la tenacidad de sus músculos nacidos para correr, escuchar sus bramidos como un eco por el cuerpo alucinándome un caballero medieval tal como lo hacía cuando era niño. Hablar con la naturaleza, con todas las formas en un solo acto. Ir a galope fue uno de los más atesorados sueños en mi infancia y por las cuales respiro.

El mundo desconoce al mundo. Las personas tan metidas en la ciudad olvidan que hay más lugares que conocer que solo calles y plazuelas de cemento. Al arrullo de un río el olor de las praderas acompaña bien. El crepitar de la fogata se vuelve la leña vieja de historias que ha saber de buena tinta ya se han escapado. Bajo el rostro de la noche uno se siente tan insignificante, los tontos miedos de que algo pueda estar acechando se vuelven inmanejables y al despertar encontrarse enternecido por la mirada de la única mañana que me llena de vida. La oportunidad de presenciar algo asombroso: Una flor extraña, un animal salvaje en el camino, descubrir algo que nunca nadie antes ha visto. Explorador, aventurero, trovador… El alma de un artista me amalgama el corazón. Cuestiones de valor por las que una vez más respiro.

Desafiante, inmenso, casi impenetrable. Su grandeza va contra mi honor, mi orgullo de hombre puesto a prueba el esfuerzo y el dolor de un reto aceptado. El sufrimiento no es nada comparado con las ganas de vencer, de ganar. Soy terco, obstinado, una mula sentada en el risco, queriendo escalar, esquivar, golpear, acertar. Estoy jadeante frente a la victoria. Tensando los brazos al extremo para sentir recorrer esa fuerza sobrehumana que a veces se apodera de estos momentos. Palestra, esgrima, box, kun fu, tenis, arquería. Los torpes y descoordinados movimientos que tuve cuando joven emulando a mis personajes favoritos de ficción van tomando significado. La conjunción de mis deseos tan cerca de mis ojos… tantas cosas que han llenado mis pulmones con más que solo aire.

Lo siento en mis manos. Ese hormigueo ondulante que no cesa. Las dimensiones de mi pecho se expanden… más y más, mis pupilas se dilatan ¿Será todo como lo imaginé? ¿Será mejor? El aire que ya no colma mi vida me distrae… Aprendiendo a respirar más que solo aire quiero encontrar con todas mis fuerzas una manera diferente de vivir. Una que solo yo tenga…

Nota a pie de página: Decisiones...

domingo, 1 de julio de 2012

Escritos de Fuego N° 15: PUENTE DE CEREZOS (6/15) (Post - 81)

AMAPOLA



Los días de secundaria transcurrieron sin mucha emoción, así al acabar mi último año me percaté de que mi círculo social había cambiado. Con el tiempo la gente popular me fue encontrando menos interesante y las personas que antes ni siquiera había reparado en ver fueron a quienes más me iba acercando, imagino que mi madurez en algunos temas me hizo menos divertido.

Ser un alumno de intercambio el último año debe ser algo muy duro pero también debe llevar una razón muy importante. Su nombre era Alhelí, era una chica de contextura delgada  a veces parecía ser algo enfermiza. Sus cabellos largos eran de un castaño muy clarizo y al final de la frente a la derecha se podía notar una hebra de cabello lila que muy seguido solía ocultar recogiendo su cabello tras su rostro.

“Alhelí tiene los ojos claros, marrones claros, casi cafés, la verdad nunca he sido bueno para identificar ese tipo de cosas, solo te diré que eran muy silenciosos, al igual que sus palabras y su forma de andar”.

Casi afueras de la ciudad había una casona que nunca había sido habitada, por lo menos no hasta ese momento. La familia de Alhelí se instaló los primeros meses allí, al parecer era de unos familiares lejanos. Al cabo de unas semanas la casa fue recobrando poco a poco su color inclusive el pequeño vivero en la parte de atrás fue reconstruido, se decía que era la misma Alhelí quien empezó a cuidar las plantas y flores del lugar. Muchas veces al llegar pude percatarme de rastros de maleza en su mochila, sin olvidar claro su inconfundible fragancia a rosas.

Con los días la gente del pueblo comenzó a acudir a ella. La noticia de que sus flores eran muy hermosas no era mentira y esto hacía que las personas se acercaran a preguntar por ellas. Muy pronto el vivero en la casa Macheri se volvió uno de los atractivos de la ciudad.

“La vida debería ser feliz y alegre… y llena de color… como las flores ¿No lo crees así?”. Un día que por encargo de mi madre fui a pedir unas flores Alhelí me contestó con esta pregunta. “Creo que si alguien puede entenderlo quizá seas tú, mi padre solía decirme eso. Él era amante de estas flores, por eso me nombró como una de ellas…”.

La chica de las flores como tan tiernamente se le comenzó a llamar fue ganándose el cariño de todos en el salón y aunque siempre mantuvo su andar tranquilo y prefería no ser el centro de atención a veces resultaba ser inevitable. Ese año la escuela tuvo a la reina de primavera más linda de la que yo pueda recordar. Al terminar ese día, cuando nuestras conversaciones y visitas ya habían sido tantas como para estar un momento a solas nos dirigimos al vivero para platicar entre fragancias y colores.

“Si te disgustaba, no debiste aceptar la invitación…” “No es que me haya disgustado, es solo que no era necesario dedicarme tanto esfuerzo además todos parecían tan encantados con la idea que no podía negarme” – Si las razones pudieran hacer mella en esa cabeza suya hubiera continuado la idea, pero Alhelí era una de esas personas que son capaces de sacrificarlo todo con tal de ver feliz a los demás. Una analogía que para ese entonces ya había calado en mí antes.

“¿Por qué cuidas tanto las flores?”  “Porque eran los regalos favoritos de mi padre, él solía decir que la vida se formaba por un puñado de emociones y de buenos y malos momentos que al final siempre nos hacen sonreír. Para él las flores eran la metáfora de todo aquello en lo que creía, cuando murió llevaba un puñado de sus flores favoritas con él…” Me quede helado, en ese instante pensé – No debí tocar ese tema – Pero ella notó mi desconsuelo.

“Descuida, tú me recuerdas a él… La noche en que se accidentó iba en su auto afuera de la ciudad con un par de maletas en la cajuela acompañado de una de las amigas de mi madre. Esa noche mi papa nos estaba abandonando…” “…” “No lo tomes a mal él fue un gran padre y un buen esposo pero cada que estaba con él podía verlo en sus ojos, lo mismo que veo en ti… una profunda tristeza… la mirada al vacío, los ojos de atardecer. Mucho tiempo lo odié, no entendía lo que pasó pero en aquellos días mi madre me confesó todo, que esa amiga fue su primer amor y que en su ausencia ella se acercó a mi padre, los tres eran amigos y aunque mi madre sabía que el aún pensaba en ella no pudo evitar enamorarse ¿Es curioso cómo las personas se acostumbrar a cierto tipo de emoción, no? Por muchos años mi padre creyó amarnos pero ella regresó y esos ojos que por momentos se ausentaban comenzaron a explicar su nostalgia. Al menos su último momento lo vivió con la persona que amaba… eso me reconforta un poco”.  
    
“Por eso aunque no haya sido mi culpa cuido de estas plantas con la misma devoción con la que me hubiera gustado cuidarlo a él. Es lo que me dejó… nuestros recuerdos felices están entre estas flores. Por eso te pareces a él, porque en tus ojos puedo ver que tú buscas algo más allá de lo que puedes ver,  tienes esa tristeza en la mirada, en tu andar. Douma, yo no sé lo que tu hayas perdido pero en verdad deseo que lo encuentres, porque al igual que yo nadie estaría dispuesto a verter sus emociones en un pozo de nostalgias…”

- Alhelí, aquella niña de piel clara y recatadas palabras estaba en lo cierto, en todo este tiempo conociéndome advirtió mis lagunas, mis momentos de silencio. Te notó a ti, entre las hojas… entre tanto aún sigues tu… aún sigo protegiéndote… -

“Amapola… la flor que llevaba mi padre aquella noche eran flores de amapola… ¿Sabes lo que significan…?”

“… La amapola es la flor de la individualidad, de aquellas personas que son amantes de la vida, las personas que nos atraen y nos apasionan y de los que hacen un mundo mejor  pero que de ningún modo debemos atraer a nuestro lado porque en su naturaleza se destruye o nos destruye. Es una flor que seduce, pero que nos aleja…”

Desde cuando comenzaste a formar parte de mí, de mi manera de ser. Mientras me alejaba del vivero sentía la cabeza estallar, había tanto de esa noche que no estaba bien. Sus palabras, la historia de su padre, su manera de ver la vida, de verme a mí. Sin siquiera saber si estaba del todo en lo correcto  llegue mi habitación con un sinsabor en los labios. “A pesar que deje de nombrarte todavía siento por ti sin que me pese…”.  Alhelí y yo terminamos la secundaria juntos, no hablamos mucho de aquella noche y aunque se volvió muy buena amiga mía después de la graduación no la volví a ver y no la volvería a ver si no hasta ahora, hace un par de días, siete años después. Cari ¿Será esto una buena señal? 



Nota a pie de página: Es hora de una nueva temporada...

lunes, 7 de mayo de 2012

Escritos de Ensoñación N° 15: PUENTE DE CEREZOS (9/15) (Post - 80)


(Serendipity / Eureka)  


Si me vieras hoy, me pregunto si… seriamos amigos, si me invitarías a algo más. Lo admito, lo mucho que he cambiado, lo que puedo atraer o lo que sigo rechazando. Lentes de superhéroe, una expresión un poco tonta… “Un escote. Labial, tal vez no lo note…”.

Han de ocurrir aquellos días que tan celosamente guardaba en la memoria, más que de los abrigos, el paisaje cubierto de lluvia que imagine entre sueños, lo cuidaba de tu ausencia.

En la mañana el cansancio se impregna de un perfume que me hace padecer. Sigo buscando tu regalo  algunas veces… esa gorra de pintor que siempre quise darte. Es el aroma del café y de las sorpresas que tanto evité idear. Las realizaré de todos modos, sino a ti, a alguien más, como son, a quien sea, es imposible que puedan fallar… No obstante, todavía no las hago…

El cabello más corto de lo que me quedaba ya era demasiado ¿Había necesidad de sumarle a eso una cara tan poco agraciada? Contextura delgada (Más bien flaca) de uniforme, con problemas de estética y un habla no tan fluida. A veces me pregunto cómo le hice para afrontar todos esos años con tan pocas herramientas.

“Sin tacones, no es que ahora me gusten es solo que ahora puedo notar la diferencia. La cara lavada, un par de pegatines en las orejas. Con el cabello amarrado, con cerquillo. Con nada más que mi sonrisa y algún dato curioso que mostrar: Unos hoyitos, un lunar, unas pecas… Me pregunto por qué se fijaban en mí en ese entonces…”

Camisa a rayas, lentes negros, mocasines de cuero, horario de oficina, cansancio de oficina, mirada enrojecida, comida a delivery, mi semana son los fines de semana, un mal dormir, un buen beber. Amigos del trabajo, un tanto diferentes a los amigos comunes. Amigos del colegio… ¿Será que solo fuimos eso? Vale, aunque eso para nada es poco.

“Laceado japonés, lentes de contacto, vestidos de oficina, por más que intento las arrugas en el ceño no se me van. Tal vez me he vuelto renegona. Agenda en la cartera, cepillo y pasta dental. Perfume de channel ya no tomo a hurtadillas los de mi madre ¿Aún te acordarás de esa historia? Un celular que ya nunca para de sonar. Tal vez debería apagarlo, pero ¿Y si pasa algo importante…?”

En lo alto de mi techo a la medianoche, los edificios, el distrito más alejado del norte, el frío, mi terquedad ¿En cuál de esos recuerdos estas tú? ¿A qué dirección debo mirar para poder encontrarte? Lo que antes me preguntaba. La ingenuidad de tantos años, proyectos que perdí en la madurez ¿Qué tanto habrás perdido tú…?

“Y qué si no me veo igual, no creo que él tampoco lo esté, luego de tantos años es natural cambiar. Ser más listo, más mona, menos crío. Si no resulta grato uno se puede retirar. La excusa de una emergencia en el trabajo es siempre la menos hiriente. Me siento preocupada…”

(“Los cerezos aquí son lo más bello en la ciudad…”). Tal cual lo leía en aquellas cartas, lo veo ahora. Cari, sus pétalos alfombran las calles creciendo una tentación a cada paso. “Podríamos recostarnos en cualquier lugar yo a pintar y tú a escribir…”. Gracias a esas palabras tuve los mejores sueños de mi vida aquella noche.

“Siempre supe que tu nombre quedaba genial para un escritor. De alguna forma, aún sigo esperando a que te animes, aún me gustaría saber de ti… indirectamente… siempre quise conocer tu intimidad, lo que no sabías contar en tus momentos de silencio, en los que me hubiera gustado abrazarte…”

“Para conocerte”. Para tenerte “Para saber que hay una parte de mí que nunca cambiará”. Porque quisiera que así fuese. “Porque hay cosas que quisiera llevar siempre en la memoria”. Porque tuve anhelos que aún quiero vivir. “Por eso...”. Dame más velocidad… “Dame más certeza”. Porque hay cosas que presiento de esta vida…

-          “Que aún puedo encontrar…”


martes, 27 de marzo de 2012

Escritos de Ensoñacion N° 14: Y en tus vestidos... (Post - 79)

Coge una manera dulce de mirar, tira un par de mis papeles tristes al suelo, salta hacia mí sin la menor intención de saltar de regreso y en alguno de esos momentos me veras con una expresión de claridad. Cómo puedes ser tan niña, cómo puedes aceptar mi seriedad y volverla tu alegría. Cómo puede enamorarme tanto tu manera de jugar.


Camina por el parque junto a mí, golpea tu cadera con la mía intentando sacarme del camino. Consíguelo. Búrlate de mí y vuélveme a mirar. Fija sobre mí esos ojos que siempre extrañaré. No me prestes atención, digo tantas cosas que no entiendes, dices tantas cosas que no me preocupan. Cómprame un helado sin que te lo pida, hazme sentir mal por ello. Cómo puedes ser niña tan niña, como puedes usar esos vestidos sin que te queden mal. Te quedan genial. Más que la apariencia creo que te gusta el viento, el viento sin malicia que acaricia tus rodillas, que sopla por tu cuerpo y suspira en tus mejillas. Toma estas, mis pocas ganas de hablar y conviértelas en rimas (como ahora). Respóndeme ahora ¿Qué tan difícil puede ser colarme en tus vestidos cuando no me ves? ¿Qué tan loco es sentir celos del aire?


Pelea conmigo. Si lo vas a hacer grítame que tienes razón aun cuando ambos sabemos que no. Enfádate conmigo, hazme unos pucheros. Nunca he sido un buscapleitos, pero no importa que tan calmado sea tú siempre sabes hacerme enojar. Confróntame como lo haces. Ponte caprichosa, engreída y sin cruzar los brazos todavía déjame engreírte. Recuéstate en mí. Tomate una foto conmigo aun sabiendo lo malo que soy para las fotos. Consérvala, aunque no me guste… lo importante es estar los dos.


Diles a todos sin decirlo lo mucho que me gustas, usa esas viñetas que nunca entiendo. Lo mucho que te extraño cuando no estas se puede resumir en una de ellas. Di que te encanta cuando digo lo mucho que te quiero con palabras sencillas. Di lo poco que te importa lo mucho que me esfuerzo cuando lo trato de decir con frases complejas que simplemente no te gustan. Luego de hacerme saber lo diferentes que somos me besas, me tomas de la mano con algo de inocencia, de hipocresía a la vida. Lo que hay que saber no lo sé contigo. Pero lo puedo sentir.


Domina con tus muecas mi indomable buen humor, háblame de la vida con tu voz de niña, muéstrame la madurez que hay detrás de esos vestidos de colores. Sé más seria, formal, impávida como cuando me preguntas que te queda mejor, como cuando no crees en el juicio que te doy. Sé nada de lo que antes dije, quien sería yo si tratara de cambiarte y para empezar ¿Por qué lo haría?


Si fuera un buen hombre con un buen corazón doblaría mis camisas contigo, tendería la cama, te haría el desayuno. Si fueras una buena mujer cocerías mis botones y no solo los harías volar, cocinarías de vez en cuando y no solo me darías órdenes de cómo hacerlo. Si fuéramos así mis lapiceros nunca perderían su tinta y tus vestidos nunca hubieran salido de la tienda. Que aburrida sería la vida si tu no fueras niña y yo no fuera lo que soy. Dicho sea de paso ¿Sabes quién soy?


Un día tú y un día yo. En tu maldad y en tu sonrisa soy aquel que las cree no siempre tan fingidas, tan indefensas. En tus rabietas soy la almohada de tus golpes. Soy en tus antojos lo que no puedes conseguir, tus dudas en el rumbo de la noche… La danza en tus vestidos, la tierra que mueve tu baile. De alguna manera tú y yo nos vemos bien, nos llevamos mejor. De todo lo que dije antes creo que eso es lo importante.


Nota a pie de página: My shadow days are over now...