jueves, 11 de septiembre de 2014

Escritos de viento N° 20: Yo… el extraño (Post - 100)


Si te acuerdas de mí
soy aquel que ves sentado en el piso de la facultad
recostando la espalda en la ventana.
Ahí estoy en mi más pura esencia.
Empuñando un lápiz,
sosteniendo una hoja de papel.
Trabajándola furiosamente.

Ése soy yo dejando las horas de estudio pasar,
faltando a clases,
llegando tarde.

Ése soy yo
apoltronado en el piso
como un mendigo
sin importarme que dirás,
sintiendo un volcán en el pecho
y lava bendita en las manos.

Ése soy yo
reuniendo todas las pasiones del mundo en el diafragma.
Apunto de reír,
a punto de llorar,
derrapando la epilepsia.

Ése soy yo
sin ganas de escucharte,
sin siquiera reconocer tu existencia.
Soy yo en el limbo de mi olvido.
Batiendo alas que no puedes ver.

Soy yo dejándolo todo atrás.
Soy yo siendo inmortal, creando calor.
Soy el sol, las praderas, las montañas.
Soy el hemisferio que no usas.
Soy yo siendo barrido por la fiereza de mi hambriento corazón.

Ése que ves ahí soy yo... el extraño.
A quién nunca podrás entender.

No todos pueden ser escogidos.


domingo, 6 de abril de 2014

Escritos de Tierra N° 20: FREE FALLIN' (Post - 99)



Hay una parte de mí que no deberías ver. Hay un pedazo de mí que exagera lo que soy, solo para sentirme más seguro.

Hay una parte de mí que se aleja, que desdeña todo lo que he conseguido y quisiera vivir solo, sin mundo, sin personas, sin pies. Hay un momento de mí que te puede lastimar.

Hay unas ganas dentro de mí que no distinguen sentimientos, que pretenden y no esperan, que nunca quieren perder. Una suma de mí que se enterca y no acepta, que no sabe crecer… Hay una parte de mí que nos rechaza.

Me vence por ratos una manera de ser que busca presionarte, que le da sentido a las cosas que haces por sentir, que te dice por qué  las haces aunque no estés lista para saberlo ni yo tenga derecho a decírtelo.

Me ufano de una sabiduría primeriza, de una mirada singular y para nada atractiva. Como si fuera el mejor olvido que soy un mal tipo por no extrañar a nadie, por romperte el corazón. Me vence por ratos esta soledad: “Como no hay nadie más, más vale que empiece a quererme”.

Tengo una enfermedad que no me deja comer, que no me deja apreciar lo nuevo de la vida, que me priva de sentir sorpresa, me anestesia de emociones voluntarias, previendo todo lo que me va a pasar anticipa mi vida dejándome sin ilusión.

Una enfermedad que ingresa con dolor en el pecho, un agujero en el estómago que perfora el corazón. Es un mal congénito en mi mente, es una aflicción compulsiva en mis manos, crónica, irreversible, terminal. Como una bomba de tiempo atada a la columna vertebral.

Una parte de mi es todo lo malo que llevo, el peso de mis hombros donde nace todo lo bueno que me dicen tener. Entonces ¿Qué hacer?

Hay una parte de mí que alguien más debería entender, que yo ya estoy muy comprometido.

 

domingo, 2 de marzo de 2014

Escritos de Tierra N° 19: EPÍTETO (Post – 98)


Como tu cintura en mis manos. Así creí tenerlo todo, a mi alcance. Como la fuerza que tenías al besarme así creí que el mundo me alcanzaba, con dulzura, con suavidad con una pequeña mordida al final.

Como la lindura que tenías al bailar así pensé que nuestro amor sería tierno, con los dedos hacia arriba, haciéndonos sonrojar. Un baile que no acabaría… o por lo menos eso era lo que pensaba.

Pero aquí estamos… Sin hablarnos… Con barricadas de enojo y decepción en nuestras costas, sin dirigentes, sin diplomáticos que aboguen por nosotros. Solo aislados, sin opción (ganas) a reclamos o derecho a luchar.

Como el abrazo que no quise darte,  aquí estoy… Frío, falto de amor para ti, con las manos mirando el suelo y un hoyo en el pecho cada vez más hondo.

Como el poco hombre que fui… allá estas tú… Distante, inmutable, incapaz de mostrar sentimiento alguno, de aceptar que sufres, de ver tus errores.

Pero así estaremos… Viviendo la vida que no cambia, marcando sentimientos que no olvidan, entregando a las manos de alguien más la baraja que se suponía nos haría ganar.


Como mis manos en tu cintura, cada mañana al despertar, así creí tenerlo todo… Resuelto… O por lo menos eso era lo que pensaba.


miércoles, 12 de febrero de 2014

Escritos de Tierra N° 18: AN SPOTLESS MIND (Post – 97)

… Recuerdo estar recostado detrás de las sombras cuando están aun eran rayos de luz, recuerdo desprender del polvo de estrellas mis zapatos de tierra antes de comenzar a levantarme y recuerdo que las nubes me mostraban siluetas de formas mortales para intentar animarme. Yo… cada vez las distinguía menos

Y moldee el camino cuando aun era incaminable y arrullé el crujido de mis pasos llamándome al andar… pues yo anduve, yo andaba y andaré.

Y sentí por primera vez al viento siendo viento y contemplé al olvido volverse nostalgia (tan callada) y probé el cansancio moteado de amargura y acaricie la inmensidad de las playas con sus orillas tentadas por mí… Y pensé en pensar, en caminar… y caminé y caminaba…

Y admiré al rió al volverse montaña, adoré a la luna que movía el mar, y respete a la suerte por el simple hecho de estar allí por obligarme a hacer cosas que no sabía que podía y por acompañarme hasta cuando ya no podía.

Y  hallamos un bosque de sentimientos que apareció frente a nosotros y ahí fue donde se marchó, no la he vuelto a ver y es que aun la espero (en cierta forma).

Y percibí que este bosque tan espeso quería aliviarme, consolarme… permitiéndome entrar… y yo entré. Y eso me hizo soñar, soñar que soñaba, aunque no soñé nunca.

Y seguía y avanzaba y olvidaba… y se inventaron las rocas para advertirme en dónde ya había estado e hicieron el hielo para que me viera envejecer en el y se movieron los cielos para confundirme y se creo la lluvia para mostrar que no me querían y se formó la nieve para explicar que nunca amaría… Y así llovió y nevó toda mi vida…

Y la soledad se rebelo a mi destino y el silencio se enfrentó al azar y yo me dormí y yo me perdí y regresó la nostalgia y desperté al odio y encontré al rencor… y ellos me dijeron: “El tiempo pasa…” – “Si…” – respondí – “Pero no tanto…”.

Continué. Llevando conmigo un rencor perpetuo, un silencio maltrecho, un odio que invita y una soledad subversiva… y no me importo… y no les importaba.

Nunca halle el manantial azul de las estrellas ni  el lago de aguas tranquilas que se hace llamar “paz”, ni a esa llama cálida y diáfana a la que llaman esperanza ni me tope con esa sustancia efímera a la que denominan amor, aunque tal vez siga buscando (si lo hice) pues aun sigo andando, caminando, vagando, viajando…

Y vague tanto que el frió se acostumbro a mi
Y anduve tanto que las huellas comencé a perseguir
Y merodee tanto que el sol empezó a ocultarse para descansar de mí
Y caminé tanto que el horizonte se acostumbro a seguirme

Y así fue, así es, así será.

Desde el principio del tiempo hasta el fin de los días.                                                         
El eterno resplandor de una mente sin recuerdos…

Nota a pie de página: Mis años de universidad en oda a esa gran película...